jueves, 22 de octubre de 2015

Lázaro Cárdenas y la Educación Socialista

México fue gobernado entre 1934 y 1940 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río. El gobierno cardenista se rigió por primera vez, además de por la Constitución y las leyes reglamentarias, por un Plan Sexenal de Gobierno que tenía como pilares fundamentales: la defensa de los recursos naturales del país, la aplicación de las leyes laborales a favor de los derechos de los trabajadores, el reparto de tierras en forma de ejidos y la reforma educativa que implantó la escuela socialista.
Los detractores de Cárdenas lo acusaron de encabezar un gobierno dictatorial, vertical, paternalista y populista. En este documento, y con base sólo en documentos de la época, analizo cómo el cardenismo intentó educar a los niños mexicanos en el ejercicio de la democracia, a través de la escuela socialista. Los defensores de la escuela socialista, Alberto Bremauntz por ejemplo, contra quienes la atacaron entre otras cosas por “impía e inmoral”, que iba a arrancar a los niños de las familias para entregarlos a un Estado socialista, sostuvo que la nueva escuela no iba a ser la constructora del socialismo en México, pero sí iba a ser la “modeladora” de nuevas formas de pensamiento de los niños, necesarias para preparar el cambio que realizarían cuando ellos fueran adultos y dirigieran los rumbos del país. Uno de los ejes centrales de la escuela socialista, fue inculcar, tanto en la práctica como en la teoría, la subordinación que debía haber de los intereses individuales frente a los del grupo.
El grupo, y no el individuo, debía dirigir los rumbos de la escuela socialista, del sindicato de obreros y trabajadores públicos como eran los maestros, del comisariado ejidal y demás organizaciones sociales. En el plano escolar y con la reforma de 1934 que impuso la educación socialista en México, los documentos aquí analizados muestran cómo se inculcó esto en las escuelas elementales de entonces, especialmente a través de los textos escolares escritos ex profeso para la escuela socialista de 1934-1940. Aquí abordo los diversos actores sociales que participaron en esta reforma, en favor y en contra, partiendo del contexto histórico en el que se desarrolló la reforma educativa de 1934.
Las elecciones para la sucesión presidencial de 1934, fueron dirigidas y controladas por el Partido Nacional Revolucionario (PNR), partido político convertido en partido oficial desde su creación en 1929 y que gobernó al país, con cambios en su nombre y estructura, hasta el 2000.2 La creación del PNR atendió a la necesidad de formar un órgano político nacional lo suficientemente fuerte para que hiciera frente a los diversos cacicazgos que existían a lo largo y ancho del país, y que amenazaban la estabilidad social que se requería para pasar del “poder de los hombres al de las instituciones”, y acabar así con la amenaza de la violencia y las confrontaciones peligrosas que hasta entonces se estaban dando, y que podían dar al traste con la paz nacional y con los programas económicos que se requerían para que México entrara con paso firme al mundo moderno y desarrollado del capitalismo en expansión.
 El PNR elaboró el primer Plan Sexenal del Gobierno del México posrevolucionario con el propósito de desarrollar una política social, económica y administrativa que hiciera realidad los ideales y postulados de la revolución iniciada en 1910, y “por hacer justa la vida de relación entre los hombres”. En el Plan se escribe con todas sus letras el carácter regulador del Estado de las actividades económicas de la vida nacional, esto le acarreará al gobierno cardenista el título de autoritario y dictatorial entre sus opositores. En el Plan: “…franca y decididamente se declara que en el concepto mexicano revolucionario, el Estado es un agente activo de gestión y organización de los fenómenos vitales del país; no un mero custodio de la integridad nacional, de la paz y el orden públicos” (Partido Nacional Revolucionario, 1937, pp. 4-5). Se trataba de imponer en México un hiperpresidencialismo, en palabras de Sartori.
El Plan Sexenal sería un programa mínimo de acción al que el ejecutivo debía sujetarse y, de ser posible, rebasarlo en beneficio de los que más necesitaban. Esto hizo a los detractores del gobierno cardenista calificarlo de populista y demagógico, a los que sus defensores argumentaban que no era populista, sino popular. Se iban a hacer transformaciones profundas en la vida nacional, de tal manera que cambiarían las relaciones sociales y el régimen de producción. Esto, y el calificativo de socialista que algunos le dieron a la Revolución de 1910 y a la Constitución de 1917, hizo que quienes podrían perder sus posiciones sociales privilegiadas, temieran que México realmente cambiara su régimen socioeconómico al decirse que el cardenismo era un gobierno socialista que iba a llevar al país al comunismo pleno.
En el periódico El Nacional (México, D. F. 29 de octubre de 1934), se narró con detalle lo sucedido el domingo 28 de octubre, día en el que se dio una gran manifestación popular de apoyo a la reforma. Esta manifestación fue convocada por los líderes del PNR y a ella asistieron infinidad de organizaciones de obreros, campesinos, servidores públicos, por supuesto, maestros, que juntos desfilaron frente a Palacio Nacional en la ciudad de México. En el balcón central estuvo el presidente Abelardo L. Rodríguez, acompañado por Aarón Sáenz, Jefe del Departamento Central del Distrito Federal y otros personajes de la política de entonces. Cárdenas, ya como Presidente electo, miró pasar esta manifestación en el edificio de las oficinas del PNR. En los documentos respectivos, se dijo que habían desfilado 150,000 personas que iban desde los 15 hasta los 80 años de edad, y que la marcha había durado seis horas.
 Todos los que presenciaron la marcha, leyeron infinidad de mantas y consignas en apoyo a la reforma educativa. Algunas pancartas fueron muy agresivas contra el clero católico, ejemplo: “El clero debe ser aplastado sin miedo y combatido sin miramiento, porque él ha llenado de suciedad al mundo”, “El clero hace esclavos. La Escuela Socialista hace hombres libres”, “El Bloque Izquierda del Magisterio pide a Monseñor Gómez Morín3 organice su Universidad Católica. El Estado fundará la Socialista”, “Madres: la Escuela Socialista hará que vuestros hijos os respeten por convicción, no por miedo al diablo”, “Expulsando al cura, México se cura”, “No esperemos del cielo lo que debemos disfrutar en la tierra”. Pancartas en las que se pedía por la construcción de un México justo y equitativo: “La ciencia debe estar al servicio del pueblo”, “El proletariado necesita pan: no Doctores ‘Honoris Causa’”, “Queremos una distribución social de la riqueza”, “El socialismo nos hará verdaderos hermanos”, “El socialismo acabará con la explotación del trabajador”, “La Escuela Laica hacía burgueses; La Socialista, hombres honrados”. El alto clero católico nuevamente no tardó en responder a los ataques abiertos que se hicieron a la Iglesia cató- lica en esta manifestación de apoyo al gobierno próximo de Cárdenas, en especial a la escuela socialista, y el 12 de diciembre de 1934, recordemos lo que ese día significa para el pueblo católico mexicano, a escasos días de que Cárdenas había tomado el poder (1º. de diciembre de 1934), Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo de Morelia quien estaba exiliado de México y vivían entonces en Texas, escribió una carta pastoral que se difundió en muchas iglesias cató- licas. En ese documento el arzobispo atacó la escuela socialista, desconoció la legitimidad de la Constitución y amenazó con excomulgar a los padres que enviaran a sus hijos a la escuela socialista, confundiéndolos y atemorizándolos, más a los padres humildes e ignorantes que no tenían dinero para comprar indulgencias y salvarse de la excomunión.
En la sesión realizada por el PNR el 6 de diciembre de 1933 en Querétaro, el general Lázaro Cárdenas del Río fue declarado candidato presidencial del Partido Nacional Revolucionario. En el discurso que Cárdenas pronunció al aceptar la candidatura, habló del control que su gobierno tendría de la política y la economía nacionales, de la labor de unión que haría entre todos los mexicanos, y de asumir de manera total la responsabilidad que significaba la presidencia, en caso de llegar a ella. También habló de: solicitar la cooperación de la experiencia de los viejos y acreditados jefes de la Revolución; pues no considero moral, ni justo, eliminar ese factor de encauzamiento de las actividades sociales, tan sólo en atención a falsos pudores de independencia y a la crítica acerba que la torpeza y la necedad invocan como argumentos incontrastables cuando censuran nuestra disciplina de partido y nuestro espíritu de cuerpo, siendo que en el fondo de esa crítica no hay más que el deseo de dividir a los hombres de la Revolución, para debilitar al Gobierno proveniente de ella y especular con nuestras disensiones (Cárdenas, 1978ª, p. 110).
Cárdenas llamaba a todos, gobernantes y gobernados, en nombre de la revolución, avisaba el ejercicio de un gobierno disciplinado y unido con quienes antes habían gobernado al país desde la presidencia, en clara alusión a Plutarco Elías Calles. Unión y disciplina que terminó de manera abrupta y escandalosa cuando Calles empezó a criticar duramente las acciones realizadas por el gobierno cardenista como lo fue la política laboral y agraria puesta en marcha, situación que a muchos hizo temer una nueva era de violencia. Finalmente se controló esta situación que culminó cuando el gobierno federal ordenó la expulsión de Calles del país en 1936, acompañado con algunos otros de sus seguidores, considerados todos como enemigos del mismo Cárdenas y de su gobierno.
Con respecto a la escuela socialista, para Cárdenas era un medio para unificar conciencias, formas de pensar y percibir el mundo, tanto el que corresponde a la naturaleza como a la sociedad, de esto se haría cargo el Estado de manera exclusiva. Cárdenas mismo se declaró enemigo de que la educación estuviera en manos del clero, en uno de sus discursos dijo enfáticamente “...no permitiré que el clero intervenga en forma alguna en la educación popular, la cual es facultad exclusiva del Estado”. Palabras pronunciadas en el discurso emitido por Cárdenas el 21 de junio de 1934 en Gómez Palacio, Durango, durante su gira como candidato presidencial del PNR. La iglesia católica se opuso a esta postura de que sólo el Estado fuera quien dirigiera la educación en México, y en nombre de la libertad de enseñanza pedía seguir interviniendo en la educación de la niñez a través de las escuelas religiosas.
 Estas solicitudes fueron negadas por el gobierno cardenista, aunque la iglesia católica se daría sus mañas, abiertas unas y encubiertas otras, para seguir pesando en la conciencia de los mexicanos fuera de los recintos de las iglesias, como lo eran las propias casas de los creyentes y las escuelas religiosas fundadas al margen de las leyes mexicanas.
Cárdenas propugnaba por una enseñanza utilitaria y colectivista, así lo dijo en el discurso que pronunció en Durango el 30 de junio de 1934: (una escuela) que prepare a los alumnos para la producción, que les fomente el amor al trabajo como un deber social; que les inculque la conciencia gremial para que no olviden que el patrimonio espiritual que reciben está destinado al servicio de su clase, pues deben recordar constantemente que la educación es sólo una aptitud para la lucha por el éxito firme de la organización (Cárdenas, 1978ª, p. 133).
Una escuela distinta a la que preconizaba el egoísmo personal y el triunfo de los más fuertes, el predominio del privilegio y la posición social; una escuela nueva que escuchara a todos y que reconociera el derecho de todos como iguales, una escuela en donde todos tuvieran voz y voto, una escuela que se cuidara mucho de volver a formar una nueva casta de “privilegiados por la cultura”, en donde lo mejor del proletariado, “la crema del proletariado”, pasara a ser un rico bocado “para el gusto de la burguesía”.
 Estos conceptos y otros más vertidos por el presidente Cárdenas, y las acciones que llevó a cabo durante su mandato como fue realizar el mayor reparto de tierras que se hizo en toda la historia de México a favor de los campesinos, proteger y defender los derechos de los trabajadores establecidos por las leyes laborales, aplicar la reforma educativa aquí analizada, decretar la expropiación del petróleo y de los ferrocarriles, todo esto hizo que Cárdenas y su gobierno ganaran muchos y peligrosos enemigos, algunos lo ataca ron de manera abierta como lo hicieron varios pensadores de la época, entre ellos Samuel Ramos, Luis Cabrera, Jorge Cuesta, Rubén Salazar Mallén, Antonio Caso y otros intelectuales más destacados y reconocidos de ese tiempo. Periodistas como Pedro Gringoire (seudónimo de Gonzalo Báez Camargo), Gildardo F. Avilés, Pedro Zuloaga, Salvador de Madariaga y otros más, también criticaron duramente a Cárdenas a través de los periódicos de entonces.
Hubo empresarios que igual se opusieron a las políticas económicas del gobierno cardenista, como fueron los regiomontanos que en 1936 se declararon en paro patronal, y a quienes el mismo Cárdenas les dijo en sus famosos 14 puntos: “Los empresarios que se sientan fatigados por la lucha social, pueden entregar sus industrias a los obreros o al gobierno. Eso es patriótico, el paro no” (Cárdenas, 1978ª, p. 192). Otros más que se opusieron de manera menos abierta y desde los púlpitos de las iglesias de los pueblos, fueron los sacerdotes católicos. Con respecto a la reforma educativa que implantó en México la educación socialista durante el gobierno cardenista, el Partido Comunista de México (PCM) y muchas organizaciones y personajes de la época, exigieron se definiera claramente en qué consistía dicha reforma a la que se le había llamado educación socialista, así como la metodología conveniente para llevarla a cabo, haciendo también sus propias propuestas como actores activos que fueron los partidos políticos de entonces, participando no sólo en la definición de los nuevos rumbos de la educación, sino en toda la política cardenista.
Los profesores se agruparon en una gran organización sindical: el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de la República Mexicana (STERM), en el que se adoptó como uno de sus lemas ser un ejército cuyas armas serían la ciencia y el trabajo, poner la ciencia al servicio de la técnica, luchar contra la ignorancia, la superstición y la desigualdad social, formar mentalidades libres a salvo de dogmas y prejuicios irracionales, un profesorado constructor de una patria para todos, orgulloso de su labor social. La escuela fue vista por los profesores convencidos de la reforma, como medio para la construcción de una mejor sociedad.
 Este sindicato realizaba diversas actividades para capacitar ideológica y pedagógicamente a sus miembros, entre estas actividades estaban las conferencias que unos mentores daban a otros menos capacitados, por ejemplo, sobre la historia de México y, de manera especial, sobre la historia de la educación en México. Las explicaciones giraron alrededor de la lucha de clases como motor de la historia, y de la necesidad de terminar con la explotación capitalista que entonces se vivía. Obvio que estas medidas y otras más, hicieron temer un cambio de rumbo en la historia del país hacia al socialismo, primero, y hacia el comunismo, después, y que la reforma educativa se convirtiera, contrario a sus propósitos originales, en un medio de lucha y confrontación entre los diversos sectores sociales: los que se veían favorecidos por la reforma y los que se veían amenazados en sus intereses económicos e ideológicos por esa misma reforma.
La reforma educativa trajo consigo la necesidad de hacer nuevos libros para las escuelas cuyos contenidos y métodos estuvieran de acuerdo con la educación socialista implantada. Libros que se identificaran con las tendencias socialistas de la educación, y para ello se propuso formar un programa editorial y una comisión editora integrada por “escritores revolucionarios”, que escribieran y dictaminaran libros al servicio de la causa socialista de la nueva escuela, sin descuidar los lineamientos estipulados por la pedagogía moderna. Libros ideológica y pedagógicamente distintos y nuevos, de ser posible gratuitos y al alcance de todas las posibilidades económicas.
Se recomendó quitar de las escuelas los libros que se estaban usando, especialmente los de lectura y literatura, poblados de personajes fantásticos, que domesticaban al lector inculcándole sentimientos de resignación frente a la condición social en la que se vivía, libros en los que se presentaba una sociedad idílica en la que reinaba la armonía entre las clases sociales. Estos contenidos debían ser reemplazados por lecturas realistas, que mostraran al lector el mundo sin disfraces ni matices que lo ocultaran o lo tergiversaran.
En los libros anteriores, cuando se hablaba de trabajadores y patrones, éstos convivían armónicamente, lo mismo que sus hijos. Una sociedad ideal y fantástica de ayuda mutua en la que los patrones pagaban lo justo a los trabajadores, quienes alegremente trabajaban lo que debían trabajar Una sociedad sin conflictos ni enfrentamientos, donde los hijos de los campesinos convivían y eran amigos de los hijos de los hacendados, lo mismo que los hijos de los trabajadores de las fábricas jugaban con los hijos de los dueños de las empresas. Hombres y niños ricos que caritativamente ayudaban a los pobres obsequiándoles lo que ellos ya no necesitaban. Los nuevos libros escolares debían integrar un concepto de patria distinto, ya no un concepto abstracto, lejano, digno sólo de veneración y sacrificio, sino una patria por la que se debía luchar y trabajar hasta lograr la independencia económica y política de México, sólo así se lograría una patria próspera y moderna. Se necesitaba de nuevos libros que conectaran a los alumnos con su realidad, que les ayudaran a la conformación de una conciencia social al mismo tiempo que al crecimiento de su cultura; para ello la Secretaría de Educación formaría una comisión editora que revisaría y aprobaría los libros cuyos métodos, contenidos científicos e ideológicos fueran adecuados a la reforma.
Asimismo se invitaría a los mismos maestros a que escribieran esos libros, ya no los autores de siempre, consentidos por las editoriales privadas, y que gracias a ello habían logrado una buena posición social. Para cumplir con esta tarea de editar nuevos libros acordes con los contenidos y propósitos de la escuela socialista, la Secretaría de Educación formó una comisión revisora y editora de nuevos textos escolares. Entre estos libros sobresale la serie titulada Serie “SEP” Escuela Socialista escrita para los alumnos de las escuelas primarias urbanas, y la serie escrita por el profesor Gabriel Lucio titulada Simiente, hecha para los niños de las escuelas primarias rurales.
Ambas series estaban integradas por libros graduados en sus contenidos y extensiones de las lecturas, también se incluyeron ejercicios de comprobación, tal como lo establecía la pedagogía moderna, asimismo estaban sencillamente ilustrados para hacer más objetiva la enseñanza. Entre los profesores sobresalientes de entonces, se cita a Rafael Ramírez tanto por su labor pedagógica como maestro, como por su tarea organizativa al frente de las misiones culturales, y también por su papel como escritor de textos escolares, autor de una serie de libros para las escuelas rurales. A la manera como se hizo el Plan Sexenal de Gobierno que enmarcaría la política del gobierno cardenista, Rafael Ramírez escribió el Plan Sexenal Infantil, una serie de cuatro volúmenes para los diversos grados de las escuelas primarias, en este caso las primarias rurales.
Libro de Lectura para el Ciclo Intermedio de las Escuelas Rurales, por considerarlo un texto escolar clave para el asunto que aquí me interesa: la formación de los niños en las escuelas en y para la democracia. El ciclo intermedio comprendía el tercero y cuarto años de primaria. Este libro está hecho como un instructivo práctico de cómo se debía organizar una sociedad en democracia, una sociedad integrada por niños y adultos, por hombres y por mujeres, por hombres que sabían muchas cosas porque habían sido educados en una escuela, y por hombres que eran analfabetas y que nunca habían tenido la oportunidad de asistir a la escuela, pero que poseían conocimientos prácticos y útiles de gran valor. Una sociedad heterogénea que se unificaba en el derecho de todos a participar de manera activa en la conducción del grupo, y en el que todas las opiniones eran escuchadas y evaluadas para su útil aplicación.
Según el autor, este libro había sido elaborado para empujar a los pequeños lectores a la acción, sus contenidos reflejan la vida diaria de los niños campesinos y los orienta hacia una sociedad más justa y provechosa para todos. Integra a los niños en las preocupaciones de los mayores, e incorpora la escuela a la comunidad, de tal manera que deja de vérsele como una institución separada del resto social. La acción se desarrolla en un pequeño pueblo campesino llamado “El porvenir”, que de alguna manera nos lanza hacia el futuro que se esperaba para los niños de la escuela socialista.
El trabajo en la escuela era siempre en grupo, los niños eran dirigidos por el maestro quien también se encargaba de alfabetizar y orientar a sus padres en sus demandas sociales como lo fueron la tierra y el ejido. Todos los problemas eran discutidos y resueltos en asambleas de distinto tipo; algunas comprendían a todos los pobladores de “El porvenir”, incluidos los niños, otras sólo incluían a los padres, otras a todos los alumnos de la escuela, niños y niñas de diversas edades, otras, sólo a los niños y niñas de cada grupo o grado, pero todo era resuelto en asambleas públicas. Los niños, igual que los adultos, debían hacer un Plan de Trabajo para seis años que comprendiera todos los asuntos inherentes no sólo a la escuela, sino al pueblo entero. Los asuntos comprendían la casa, que incluía especialmente la salud personal, la escuela y la comunidad. Lugar importante tenía la limpieza y la economía de cada ámbito social.
Conclusiones
Hoy que, de manera reiterada y por todos lados, se dice que México ha ingresado a una nueva democracia, aunque hasta hoy sólo se puede hablar de una democracia electoral manifestada en las elecciones de 2006, que por cierto fueron muy criticadas y que tienen dividido al país, es conveniente revisar la historia de nuestro país, en este caso, la historia de la educación en México, para conocer lo que en ella se ha hecho respecto a la democracia, como fue el caso de lo realizado por la educación socialista durante el cardenismo, en la que se trató de implantar desde las escuelas no sólo una democracia electoral, sino implantar en los niños el anhelo de luchar por el logro de una democracia económica que hoy parece estar muy lejos de ser alcanzada.
 Hoy que la educación en México cada día adquiere más los signos que identifican a una mercancía y que se mueve en un mercado como cualquiera otra, y que el Estado mexicano se “adelgaza” más en este terreno para dejar su lugar a la iniciativa privada, vale la pena revisar lo que se ha hecho en la historia de la educación nacional, recuperar los valores que en algunas épocas se han inculcado en la formación de los mexicanos a través de la educación, como fue el caso de la educación socialista puesta en práctica durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, 1934-1940, cuando el Estado representado por el gobierno federal, se hizo cargo de la educación elemental de los mexicanos, como el único y legítimo para ofrecer este servicio, reconociendo a la educación como un derecho de todos los mexicanos; vigilando y controlando la educación elemental en México, incluso la impartida por los particulares, en la cual quedaron excluidos los miembros del clero, no sólo del católico.
 Esto ha dado vuelta para atrás y hoy la iniciativa privada, laica y religiosa, cada vez está ganando más terreno en el ofrecimiento de los servicios educativos, haciendo de la educación un elemento más de selección social. La historia de México hoy parece que va para atrás, al contrario de lo que los positivistas pensaban, que veían la historia de los pueblos como un camino a estados de vida social más avanzados, o lo que estableció el mismo Hegel y el idealismo alemán al hablar de la historia como el desarrollo ascendente del espíritu absoluto. Espero que hoy no estemos viviendo una involución social o un retroceso descendente del espíritu; la historia misma ha mostrado a los mexicanos lo caro que se han pagado estos “errores históricos”.


Bibliografía
Ponencia presentada en el “Tercer simposium sobre sociedad y cultura de México y América Latina”, celebrado del 9 al 11 de octubre de 2007 en el Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Cárdenas, Lázaro. (1978a). Palabras y documentos públicos de ... Mensajes, discursos, declaraciones, entrevistas y otros documentos 1928-1940, vol. 1. México: Siglo Veintiuno Editores,

S. A. Cárdenas, Lázaro. (1978b). Palabras y documentos públicos de... Informes de gobierno y mensajes presidenciales de Año Nuevo 1928-1940, vol. 2. México: Siglo Veintiuno Editores. S. A..
Plutarco Elías Calles y el Maximato

La renovación de poderes inició con una nueva rebelión militar. Calles sería el sucesor del grupo obregonista y de la Huerta el opositor, quien fue acusado falsamente de desfalco del erario como Ministro de Hacienda y, desde Veracruz, inició el levantamiento armado contra el gobierno con más de la mitad del ejército. En su Manifiesto Revolucionario, Plan de Veracruz, acusaba al presidente de violar la soberanía de los estados mediante el fraude electoral en elecciones legislativas en Veracruz, desconocer a los gobernadores de Michoacán, Nuevo León y Coahuila, a varios alcaldes de San Luis Potosí, además de desconocer al Congreso de Zacatecas y de atemorizar a legisladores federales y desconocer al Poder Judicial de la Federación. Se acusaba a Obregón de dirigir la impopular candidatura del general Plutarco Elías Calles, a fin de asegurarse más tarde una inmediata reelección que la nación rechaza y que nuestra ley condena. Situación esta última que se comprobaría más tarde.
La rebelión fue aplastada en la primavera de 1924 y de la Huerta se exilió en los EUA, de donde regresaría en 1935, por solicitud de Lázaro Cárdenas, para ocupar diversos puestos diplomáticos. La rebelión delahuertista de 1924 impulsó la institucionalización del ejército al ser diezmado de generales, casi todos ellos ejecutados, al mismo tiempo que fortaleció al grupo obregonista, y luego callista. Otra víctima de la violencia desatada sería Francisco Villa, quien fue asesinado en Parral, luego de manifestar a la prensa su apoyo a la candidatura presidencial al general Adolfo de la Huerta. El 10 de julio de 1924, después de ser derrotados los de la huertistas insurrectos, Calles resultó electo Presidente, y enfrentaría una nueva guerra contra algunos radicales católicos.
Los problemas del callismo con la Iglesia Católica Calles aplicó con dureza el artículo 130 Constitucional, sobre la reglamentación de cultos, y numerosos sacerdotes católicos extranjeros fueron expulsados del país, al mismo tiempo que impulsaba la idea de nacionalizar este culto. El 22 de febrero de 1925, impulsó al cura Joaquín Pérez a que ocupara el Templo de La Soledad, en la ciudad de México, para fundar la Iglesia Católica Mexicana, lo que provocó protestas de las organizaciones religiosas Asociación Católica de la Juventud Mexicana, ACJM, y de los Caballeros de Colón, además del episcopado. Los excesos continuaron, como la expedición de un decreto, en Tabasco, que exigía el matrimonio a los sacerdotes, para poder oficiar su culto. La respuesta católica consistió en integrar una Liga de Defensa de la Libertad Religiosa. El anticlericalismo de los militares sonorenses se puede relacionar, como antecedente, con la felicitación que envió el Vaticano a Victoriano Huerta por imponer la paz, publicada en la ciudad de México por el periódico El País, después del golpe de Estado contra Madero. Adicionalmente, el clero decidió, en 1923, erigir un gran templo a Cristo en el centro geográfico del país: el Cerro del Cubilete; a la colocación de la primera piedra del edificio asistió el delegado apostólico del Vaticano, monseñor Ernesto Philipi; la respuesta del gobierno fue la aplicación del artículo 33 constitucional, expulsando del país al prelado y endureciendo la aplicación de la ley, que prohibía las manifestaciones de culto públicas. Todo ello contribuyó a que se iniciaría el proceso que llevaría a la Guerra Cristera.
La Guerra Cristera En 1925 algunos dirigentes católicos decidieron integrar una organización que, sin depender de la Iglesia ni de partido político alguno, pudiera funcionar sin ser coartado por el Estado. Sus objetivos fueron: detener a los enemigos de la religión y conquistar lo que ellos consideraban integraba la libertad religiosa y las demás libertades que dimanan de ella, como el derecho a la libertad de educación, la defensa de los derechos políticos de los católicos como ciudadanos y los derechos de la Iglesia relativos al culto público, la propiedad y administración de sus templos, escuelas, obras sociales y de caridad. Así nació la Liga de Defensa de la Libertad Religiosa, que se ramificó en todo el país, con gran fuerza en el centro y occidente de México; iniciando su lucha legal, en primera instancia, para lograr sus cometidos. Paralelamente se creó un Comité Episcopal, formado por clérigos, que trataría con el gobierno todos los asuntos relacionados con la Iglesia. Una primera acción de presión de la Iglesia consistió en la supresión de cultos en el país. El 14 de junio de 1926, Calles, mediante una Ley Adicional en asuntos religiosos, limitó el número de sacerdotes a uno por cada 6 mil habitantes, ordenando que se registraran ante las autoridades municipales, quienes emitirían licencias; al mismo tiempo que clausuraba 42 inmuebles y templos, y amenazaba con incautar las escuelas religiosas, lanzando a la CROM a enfrentar a la Iglesia. La Liga enfrentó al Estado con un boicot, impulsando la suspensión de pagos de impuestos y el consumo de productos del Estado, como la gasolina y la lotería. El gobierno comenzó a detener a sus integrantes, con lo que la Liga integró un comité de guerra y lanzó el levantamiento armado que, para 1927, cobró fuerza como guerra religiosa; sus soldados se denominaron: defensores, luego libertadores y finalmente cristeros por su lema de Viva Cristo Rey. La guerra se inició en Chalchihuites, Zacatecas, debido a que un grupo de fieles quiso liberar al párroco del lugar que había sido detenido. Inicialmente el jefe del movimiento cristero fue René Capistrán Garza, fundador de la Liga y Presidente de la ACJM, quien aceptó financiamiento de ricos hacendados que veían con temor la reforma agraria. Capistrán viajó a los EUA, buscando el apoyo popular y eclesiástico.
La violencia de la guerra cristera
Los obispos, siguiendo la política vaticana, rechazaron la violencia, pero impulsaron la lucha por las libertades religiosas frente al Estado; sin embargo, muchos sacerdotes participaron en la guerra. En 1928 se incorporó a los cristeros, en los Altos de Jalisco, un general huertista, Enrique Goroztieta, ocupando la jefatura militar del movimiento en Jalisco, Nayarit y Colima. Contra estas fuerzas militares cristeras el gobierno federal envió un ejército al mandó del general Joaquín Amaro. La lucha encabezada por Goroztieta tuvo un contenido político: regresar al país a la Constitución de 1857, sin las Leyes de Reforma. El acto más importante de la insurrección se expresó con el magnicidio de Álvaro Obregón, presidente electo en 1928, a manos de José de León Toral. En el juicio del asesino el gobierno callista implicó a grupos católicos en el atentado. El gobierno mexicano, presionado por los EUA, inició arreglos con la jerarquía católica encabezada por el obispo de Tabasco Pascual Díaz, el delegado apostólico Ruiz y Flores y el Presidente Interino Emilio Portes Gil. Los arreglos se firmaron el 21 de junio de 1929, sin documento alguno, salvo el reconocimiento público del gobierno de aplicar la ey sin tendencia sectarista. Goroztieta fue capturado y fusilado, y los radicales cristeros sobrevivientes se exiliaron en los EUA.


La reestructuración de la administración
Calles se distinguió por su labor político administrativa, debido a su larga experiencia en estas tareas; había sido Gobernador de Sonora, Secretario de Industria y Comercio con Carranza, organizador del Plan de Agua Prieta, Secretario de Guerra y Marina con Adolfo de la Huerta y Secretario de Gobernación con Obregón. Se apoyó en el movimiento obrero que era fiel al gobierno, fundamentalmente la CROM, nombrando a su dirigente Luis N. Morones como Secretario de Industria y Comercio. Después de la rebelión de la huertista el panorama político de las Cámaras mostraba una preponderancia de legisladores provenientes del Partido Laborista y del Nacional Agrarista; mientras que la eliminación física de jefes militares como resultado de la insurrección, además de que otros fueron convertidos en gobernadores, le dio ocasión para controlar totalmente el país, ante la reducción del caudillismo militar.
Emprendió obras de infraestructura económica, como la creación de la Comisión Nacional de Irrigación, en 1926, procediendo a construir presas y obras hidráulicas en el centro y norte del país, y el canal del desagüe de la ciudad de México. Para impulsar las comunicaciones creó la Comisión Nacional de Caminos, iniciando la construcción de carreteras en el país e incrementó la construcción de vías férreas. En educación José Manuel Puig Casauranc y Moisés Sáenz, secretario y subsecretario, dieron continuidad a la obra realizada por Vasconcelos, fortaleciéndose las Misiones Culturales que llevaban educación a las zonas rurales. En el área de justicia se formaron las leyes orgánicas del Ministerio Público y otras relativas al Poder Judicial, y se elaboró un nuevo código civil que serviría de base a un nuevo derecho mexicano. En el área laboral se tuvo casi un total control del movimiento obrero, por medio de la CROM y del ministro Morones; sin embargo, existieron organizaciones obreras de católicos y comunistas, opositoras al régimen.
Las finanzas y el campo Un problema grave de su administración correspondió al pago de la deuda externa, viéndose obligado a suspender pagos; inició una reforma tributaria para eximir de impuestos a quienes recibieran ingresos mínimos y estableció principios de proporcionalidad para gravar más a quién más recibiera, estableciendo las bases del sistema fiscal mexicano, y expidió la primer Ley de Pensiones Civiles de Retiro. Mediante decreto creó la Comisión Nacional Bancaria, e impulsó la Ley General de Instituciones de Crédito y Establecimientos Bancarios. Después de lograr estabilizar el crédito, logrando reducir los intereses del 24 y 36% anual a un 10%, se expidió la ley constitutiva del Banco de México, como banca única de emisión de papel moneda.
En cuanto al asunto agropecuario favoreció a la pequeña propiedad agrícola. Durante se gobierno se emitieron dos leyes agrarias, la ley elaborada por Gabino Fraga, en 1925, que reglamentaba el reparto ejidal y la constitución del patrimonio parcelario, que permitía que quienes usufructuaban en forma comunal obtuvieran parcelas individuales; y la Ley de Dotaciones y Restituciones de Tierras y Aguas, reglamentaria del Artículo 27 Constitucional, elaborada por Narciso Bassols y emitida en 1927, mediante la que se daba inicio a la reforma agraria en el país.
Generó en 1926 una Ley de Crédito Agrícola, que suplió a la Caja de Préstamo porfirista de 1908, sentando las bases del Banco Nacional de Crédito Agrícola que, al no incluir en sus acciones crediticias a los ejidatarios obligó a crear de una Ley de Bancos Ejidales, que serían la base del Banco Nacional de Crédito Ejidal de 1935.
Las relaciones internacionales
El petróleo y los latifundios ganaderos fue tema de conflicto en las relaciones internacionales, debido a la Constitución de 1917. Los empresarios extranjeros buscaron su no retroactividad, que lograron con un amparo apoyado por la Suprema Corte de Justicia en 1921.
Los Tratados de Bucareli sirvieron para que los norteamericanos buscaran el compromiso nacional de no aplicar retroactivamente el artículo 27. Al reconocer al gobierno mexicano, en 1924, los norteamericanos nombraron embajador a James R. Sheffield, quien apoyó a las compañías petroleras, agudizando los conflictos; el establecimiento de relaciones diplomáticas con la URSS, fue aprovechado por Sheffield para prevenir al Secretario de Estado norteamericano Kellog del peligro comunista en México y la expansión soviética en Nicaragua, en donde Sandino luchaba contra la intervención norteamericana. Esta situación se aunó al hecho de que el magnate periodístico William Randolph Hearst, quien tenía latifundios en Chihuahua, lanzó campañas a favor de intervenciones en nuestro país. La situación empeoró en 1927 y Calles ordenó al general Lázaro Cárdenas, jefe de la zona militar de la Huasteca, que incendiara los pozos si el país era intervenido. El nombramiento de Dwight W. Morrow como embajador mejoró la situación mediante negociaciones.
El Maximato
El Maximato es, en la historia política del México contemporáneo, la piedra angular para entender el desarrollo y evolución del sistema político mexicano. Plutarco Elías Calles es el caudillo que quiso unificar, controlar o, en ocasiones reprimir, a la clase política revolucionaria sobre todo cuando el “interés” de su voluntad así lo precisare. Mismo criterio que empleó con la Iglesia Católica cuando la consideró nociva a su voluntad. Éste buscó, a toda costa una vez terminado su período presidencial marcar la pauta de la política nacional en los gobiernos subsecuentes hasta 1935. A este período histórico en que se practicó esta forma peculiar de ejercer el poder tras el trono se le conoció en México como el Maximato. Esta investigación pretende saber hasta qué grado Calles impuso su voluntad a los presidentes inmediatos (Portes Gil, Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez y Lázaro Cárdenas) en la designación de sus gabinetes.
Empezaremos por sostener que para realizar un análisis como el que se pretende, es necesario saber quiénes conformaron los gabinetes e identificar a qué camarilla o sector ideológico-revolucionario o profesional (aquí le llamo factores de designación) al que pertenecían quienes integraron los gabinetes de Venustiano Carranza (fue donde Calles ocupa su primer puesto de gobierno importante) hasta Álvaro Obregón. Posteriormente, se analizarán los períodos de Calles a Lázaro Cárdenas, es decir, de 1924 a 1935, estableciendo de la misma manera y con los mismos criterios las tendencias de los miembros que conformaban sus gabinetes. Estos elementos nos permitirán determinar el grado de influencia real del Maximato en referencia a los gobiernos citados y si hubo continuidad o ruptura del Maximato con el inicio del cardenismo en lo que se refiere a la conformación de los gobiernos posrevolucionarios inmediatos. El presente ensayo tiene como tarea el reflexionar el Maximato, pero no para enfrascarlo como se ha hecho a través de la historia de México, sino más bien para conocer hasta qué punto fue absoluto o moderado ese Maximato.
Partiendo de nuestro primer foco de estudio, a continuación desarrollaremos brevemente algunos de los sucesos ocurridos durante el período de 1916 a 1924, a través de los tres factores de designación que hemos considerado los más importantes porque por medio de ellos podremos explicar la influencia de éstos en la designación de los tres gabinetes que se formaron en estos años, los cuales estarán divididos en tres ramas: 1) Afiliación ideológica, en la que se tomarán en cuenta sus inclinaciones con el maderismo, el huertismo, villismo, zapatismo, carrancismo, obregonismo y con el constitucionalismo; 2) extracción social, referente a su profesión; y 3) experiencia política, que se refiere a los puestos públicos, es decir, a su práctica política gubernamental.
De los miembros que llegaron a integrar cada uno de los gabinetes de Carranza, Huerta y Obregón, señalaremos en términos absolutos las principales inclinaciones de sus integrantes, a fin de determinar su ideología política En el período de Venustiano Carranza (1916-1920), la mayoría de sus colaboradores que integraban su gabinete, también estaban afiliados al maderismo, es decir, aspiraban a una democracia dirigida hacia la libertad individual, el gobierno por las instituciones y no por el poder absoluto de una persona. Formando parte de su gabinete provisional como secretario de Guerra y Marina.
Las principales características del gabinete de Carranza fueron: el 64% estuvieron afiliados al maderismo, es decir, su misma tendencia y por consiguiente en contra de Victoriano Huerta, casi la totalidad de ellos apoyaban las ideas constitucionalistas, eran profesionistas y habían ocupado puestos políticos; el 71.4% se declaraban libremente callistas. Un poco más del 40% eran militares y solo una mínima parte apoyaba las ideas anticlericales. Esto nos indica que la mayoría de su gabinete apoyaba sus ideas basadas principalmente en la formación de un Estado fuerte, la destrucción total del régimen dictatorial al igual que el maderismo, la defensa de la propiedad privada y la conformación de una estructura legal independiente de los intereses particulares que protegiera y fomentara las libertades públicas. Todo esto con el fin de aplicar en nuestro país los principios del liberalismo, lo cual era necesario para impulsar el desarrollo capitalista de la época.
Por otro lado, los constitucionalistas “pronto se dieron cuenta de la importancia que tenía la participación de las masas populares quienes por su cuenta ya realizaban sus propias luchas principalmente los campesinos y los obreros (Loyola, 1988, p.71)” De ellos tomaron los reclamos tendientes a lograr una reforma agraria y mejores condiciones de vida. En este período eran apoyadas casi de manera absoluta las ideas villistas y zapatistas, por lo tanto, pocos integrantes estaban en contra de ellos; aunque el villismo no presentó un programa de carácter nacional y su influencia se limitó al territorio del norte convirtiéndose en el defensor de la justicia.
 Por su parte, los objetivos de los zapatistas eran colectivistas, resaltando la importancia de los pueblos como base de la organización campesina. Sin embargo, tampoco este último movimiento ofreció alternativas de solución a los problemas de todo el campesinado nacional, sino que se concentró principalmente en una sola región, la de Morelos (estado natal de Emiliano Zapata). “La muerte de Carranza simbolizó, sin lugar a dudas, la necesidad y la urgencia de la búsqueda de ese mecanismo político que permitiera que la revolución se encauzara positivamente, sacudiéndose de encima las guerras fratricidas que constituían su rasgo más característico. Adolfo de la Huerta, Francisco Serrano, Arnulfo Gómez, la reelección de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y el maximato son nombres, hechos y destinos trágicos que constituyen hitos dramáticos y trascendentes en la búsqueda de ese mecanismo político salvador (Medin, 1996, p.13).” Después de la muerte de Carranza, Adolfo de la Huerta (May 1920-Jun 1920) de tendencia maderista y de filiación carrancista cooperó en la decena trágica. Ocupó su lugar interinamente; estaba también en contra del general Victoriano Huerta que fue también obregonista.
 Su objetivo principal como presidente fue lograr la paz conciliando los intereses de las distintas facciones revolucionarias así como convocar a elecciones presidenciales. Durante este período observamos que su gabinete estuvo conformado por más maderistas que en el período de Carranza por más de 20 puntos porcentuales; sus integrantes al contrario de éste fueron casi en un30 por ciento no profesionistas y más militares y con menos práctica política respecto al anterior gobierno, otro factor importante es que la tendencia carrancista es casi nula. También se observa que aproximadamente una tercera parte de sus integrantes había formado parte del gabinete de Carranza. Lo que lleva a precisar que el maderismo estaba más incrustado en la conformación del gobierno delahuertista que el elemento carrancista. Por último en el periodo de Álvaro Obregón (1920-1924), éste “Buscó el equilibrio, la conciliación de las clases sociales entre empresarios y trabajadores, aplicó una política populista con el fin de ayudar a los desposeídos sin dañar la propiedad privada (proceso de inclusión) (Loyola, 1988, p.74)”. Practicó esta forma de gobernar para lograr mantenerse en el poder a pesar de las constantes rebeliones alzadas en protesta a su régimen que fueron más peligrosas a medida que terminaba su período de gobierno.
Una de ellas fue organizada por el expresidente interino Adolfo de la Huerta (fue uno de los colaboradores dentro de su gabinete), disgustado porque Obregón apoyó la candidatura de Plutarco Elías Calles para las próximas elecciones presidenciales. La rebelión delahuertista duró cuatro meses aproximadamente pero fue derrotada, a pesar del apoyo que tuvo en varias partes del país, por las fuerzas del gobierno, dirigidas por el propio presidente Obregón. Este período varía un poco más en comparación con los anteriores regímenes, porque las tendencias de sus integrantes son, por un lado la mayoría maderistas contra el huertismo, y existía igual que en el gobierno anterior una mínima inclinación carrancista que casi desaparece, y por el otro, existe nuevamente lo mismo que en el gabinete de Carranza, integrantes profesionistas y con una amplia participación política gubernamental, aumentando además en comparación al gabinete de Adolfo de la Huerta, un 40% de sus componentes había pertenecido a éste.
Ahora bien, habiendo descrito de manera concreta los principales factores que intervinieron en la designación para conformar sus gabinetes se observaron muestras de continuidad en este período, sobre todo en el empleo de elementos de reingambre maderista en la conformación de estos primeros tres gobiernos analizados, salvo algunas excepciones, con la integración de elementos Carrancistas y de la huertistas

Bibliografia
El maximato: inicio del corporativismo (1929-1934) por Humberto Domínguez Chávez y Rafael Alfonso Carrillo Aguilar. CCH UNAM (2009) Planteles Azcapotzalco y Sur. Visto el 3 de octubre de 2015 en http://portalacademico.cch.unam.mx/materiales/prof/matdidac/sitpro/hist/mex/mex2/HMII/Maximato.pdf

La centralización del poder: los gobiernos de Obregón y Calles (1920-1928). Historia de México II Segunda Unidad: Reconstrucción nacional e institucionalización de la Revolución. Por Humberto Domínguez Chávez y Rafael Alfonso Carrillo Aguilar. CCH UNAM (2009. Planteles Azcapotzalco y Sur. Visto el 3 de octubre de 2015.  http://portalacademico.cch.unam.mx/materiales/prof/matdidac/sitpro/hist/mex/mex2/HMII/ObregonCalles.pdf


Surgimiento de las escuelas rurales.

Introducción
Durante el Porfiriato la educación rural no fue tomada en cuenta, siendo uno de los reclamos en la Revolución Mexicana de 1910.
La educación rural surgió de la necesidad de que exista una igualdad en educación en todas las regiones del país, adecuando los programas rurales a las zonas geográficas por las diferencias de cultura y necesidades económicas y de productividad.
Hubo varios profesores descontentos con el sistema educativo por lo cual decidieron proponer cambios ya fuese en el Estado en el pertenecían o a nivel Federal; lo que unió a estos pensadores e idealistas no solo fue su amor por la enseñanza y la educación, sino el brindar una mejor educación a la mayor población posible.
Desarrollo
En el Gobierno de Profirio Díaz, la educación rural fue ignorada, se podría decir que se centraba en el medio urbano; la educación para los campesinos y obreros estaba relegada al no contar con una estructura educacional, que limitaba en gran medida el acceso a la educación, dando lugar a un alto grado de analfabetismo.
Uno de los reclamos que trajo consigo la Revolución Mexicana en 1910 fue,  sin duda, establecer el punto de vista constitucional los lineamientos que determinaran el acceso a las garantías de los ciudadanos, entre ellos: “abatir  y rezagos  que afectan a los pueblos y comunidades indígenas”, en las que el Estado Mexicano se impulsó la obligación de: “impulsar el desarrollo regional de las zonas indígenas con el propósito de fortalecer las economías locales y mejorar las condiciones de vida de sus pueblos”, así como: “garantizar e incrementar los niveles de escolaridad favoreciendo la educación bilingüe e intercultural, la alfabetización, la conclusión de la educación básica, la capacitación productiva” (kjkhnd)
Bajo esos términos, al crearse la Secretaría de Educación Pública, en 1921, con el Lic. José Vasconcelos, como titular de la misma, su preocupación fundamental fue cómo planificar y estructurar la educación en nuestro país, integrando en ella a las comunidades rurales, considerando la discriminación de éstas en todo el territorio nacional y la falta de maestros que respondieran a las necesidades específicas del tipo de educación que se requería.
Dicha labor contó con la decidida colaboración de los Maestros Moisés Sáenz, Rafael Ramírez y Narciso Bassols, quienes haciendo propio el ideario de la educación rural, definieron lineamientos y programas específicos, para ser aplicados en la misma. Con relación a las aportaciones correspondientes al Maestro Sáenz, podríamos establecer que éstas fueron producto de su inquietud por proporcionar a la educación las bases que facilitaran la integración social y cultural de nuestro país e impulsó la metodología creada por John Dewey  escuela de acción-, en la que el niño sería el principal actor de su educación.
En cuanto al Maestro Rafael Ramírez, éste enfocó sus prioridades en la necesidad de proporcionarle al campesino una educación técnica, con el fin de mejorar sus actividades económicas lo que conduciría a elevar su nivel de vida. Según el Maestro Ramírez, otro aspecto de vital importancia en la educación rural era la castellanización de los indígenas con lo cual se integrarían éstos, al resto de la población nacional. En una primera instancia, tras una capacitación, se echó mano de maestros voluntarios, muchos de ellos originarios de las comunidades rurales donde prestarían sus servicios, lo que implicaba su permanencia en sus centros de trabajo, ya que su labor no se concretaría únicamente a enseñar a leer y escribir y practicar las operaciones fundamentales a los niños sino también proporcionar una serie de conocimientos a los adultos que pudieran elevar su calidad de vida, por lo tanto los maestros deberían conocer e identificarse con el medio físico de la población en donde prestarían sus servicios y de la problemática que pudieran presentar, es decir, involucrarse en la vida económica, social y cultural de la comunidad.
Dadas las características específicas con las que debían contar los maestros rurales se vio la necesidad de proporcionarles una preparación más consistente recordemos que la mayoría de los maestros rurales no tenían una preparación profesional que no sólo abarcara metodologías de la enseñanza sino también las relacionadas con el quehacer cotidiano, es decir, con el pensamiento y obra de las comunidades, incluido el conocimiento de la lengua indígena de la región. Lo anterior llevó a la SEP, a crear oficialmente en 1923, las Misiones Culturales, bajo la jefatura del Maestro Rafael Ramírez.
De hecho, inicialmente las Misiones culturales, constituidas por un cuerpo docente preparado especialmente para la educación rural, eran escuelas ambulantes que se establecían temporalmente en las comunidades rurales con el objetivo de elevar la calidad profesional de los maestros rurales, y así, mejorar el nivel cultural de las comunidades.
El éxito obtenido en las Escuelas Rurales las transformó en las Casa del Pueblo, en otras palabras, la actividad escolar, incluida la educación de los adultos, salió de los muros escolares hacia la comunidad y ésta entró a su vez a los recintos escolares, naturalmente el maestro rural era el eje alrededor del cual giraba la transformación socio-económica y cultural de la comunidad, el maestro era el promotor social por excelencia.
No fue fácil llevar a cabo la estructuración del Sistema de Educación Rural y, a pesar de que la SEP, había previsto la creación de mil escuelas rurales para 1926, en dicho año sólo pudieron establecerse 572 nuevas escuelas de este tipo; sin embargo, hacia 1929, la Educación Rural ya contaba, a nivel nacional, con 3,453 escuelas.
 La profesionalización de los maestros rurales se hizo necesaria y surgieron las Normales Rurales con planes y programas específicos para llevar a cabo la labor educativa en el medio rural con mayor eficiencia, por otra parte, para los maestros que se iniciaron en este tipo de educación y que carecían de un certificado que los avalara como tales, se instituyó el Instituto Federal de Capacitación Magisterial, con cursos abiertos durante el período escolar y cursos intensivos durante las vacaciones de verano, preparación que tuvo una duración de 6 años, 3 de secundaria y 3 de normal, generando una respuesta positiva en la labor docente.
El mayor auge de las escuelas rurales se dio entre los años 20s y 45s, sin que ello quiera decir que desaparecieran; sin embargo, el hecho de pensar que se tendrían mayores oportunidades en el medio urbano originó migraciones hacia dichas zonas, cuando la idea original era que tuvieran mayores elementos que favorecieran el desarrollo y permanecieran en sus lugares de origen.
Moisés Sáenz al llegar como Director de la Escuela Nacional Preparatoria en 1917, decidió impulsar las Misiones Culturales en todo el país, estableció las escuelas de enseñanza secundaria.
Por lo que se podría considerar la obra de Moisés Sáenz, la escuela secundaria como un campo fértil para desarrollar en los alumnos el gusto por la ciencia y la capacidad para diseñar experimentos. El estudio de las ciencias experimentales permite que el adolescente conciba la noción y la diferenciación entre lo concreto y lo práctico. De ahí, su rechazo a lo teórico y a lo superficial en otras palabras privilegiaba que en la enseñanza lo principal son las cosas y lo secundario son nuestros discursos sobre las cosas. Por otra parte, contemplaba que la enseñanza secundaria no debe ser una mera continuación de la primaria ni una antesala de la Universidad. Este nivel tiene finalidades y características propias, ni es una primaria hinchada ni una universidad deprimida.
Convirtiendo la educación pre-vocacional de la preparatoria en la Escuela de Bachilleres, facilitando así, el aprendizaje de los adolescentes egresados de la primaria y elevando la calidad del estudio en los aspirantes a profesionales.
Pero ellos no fueron los únicos que consideraban que la educación deba debía de cambiar, otro educador fue Lauro Aguirre quien tras ser Director de Educación Pública del Estado de Tamaulipas se dio cuenta de varias errores en la educación, comenzando con su propio Estado, donde orientó la programación de la enseñanza y su reforma en la Escuela Normal y la Escuela Preparatoria con sistemas modernos de enseñanza.
De allí pasó a Oficial primero de la Dirección de Educación Primaria y Normal en Distrito Federal, puesto que asumió en 1921, y al que le siguió el de oficial primero de la sección técnica de la misma dirección, el cual ocupó en 1922, donde igualmente implanto sistemas modernos de enseñanza para los alumnos.
Cuando entró a trabajar a la Escuela Normal de México, no conforme con todo lo que había realizado en las pasadas Instituciones, decidió promover en dicha escuela una reforma de enseñanza normal en el año de 1924; creando la Escuela Normal de Maestros, decidiendo, fusionar todas las escuelas normales de la Ciudad de México, que en ese entonces eran tres: la de verano, la de señoritas y la nocturna; quedando el cómo director y ejerció la docencia, además se hizo cargo de la jefatura de prácticas en las Escuelas Normales Diurnas.
En 1926 cuando fue nombrado delegado de la Secretaría de Educación Pública (SEP); decidió reorganizar técnicamente los anexos del jardín de niños y de las escuelas primarias, suprimió a los directores de los departamentos y reorganizó administrativamente los anexos.
Asimismo, estableció en todas las escuelas del país la cooperativa estudiantil, acción social mediante el costurero para mujeres pobres y de la Universidad Popular, y creó cursos de primaria atendidos por practicantes y algunos otros especiales para alumnos irregulares. Además introdujo la carrera de visitadoras del hogar, materias que desarrollaran las habilidades prácticas y publicó numerosos artículos en folletos y revistas, en los que propuso ideas pedagógicas renovadoras.

Otro gran educador que decidió comenzar en su ciudad natal a realizar cambios fue David Berlanga, quien en 1911 cuando fue Director General de Educación Primaria y Normal en el Estado de San Luis Potosí decidió reformar la educación ante el Congreso Constitucional, con su proyecto de Ley de Reforma Escolar; en el cual se señala que el Estado debe de proporcionar al pueblo la educación primaria oficial, así como la formación de maestros que la impartan.
Establecia que la educación sería laica, gratuita, uniforme, integral y práctica. Esta ley dividió a la educación primaria en elemental y superior que se desarrollaba en 5 y 2 años respectivamente. Merecen especial mención las innovaciones que la ley establece como la obligación de que el menor de 14 años tenga el tiempo necesario para recibir o terminar su educación primaria, obligación que deberán cumplir los fabricantes, dueños de talleres, hacendados y en general los que ocupen servicios personales de menores. Establece además una pena para los responsables de las inasistencias de los menores a la escuela.
Creó la Dirección General de Educación Primaria como sección especial de la Secretaría General de Gobierno y también creó la plaza de Secretario de Educación Primaria, el Consejo de Educación y los Inspectores del partido de la capital.
Otra iniciativa que propuso Berlanga, en 1911, fue la que se refería a la supresión de las Escuelas Profesionales en el Estado, la cual causó gran inquietud en los medios culturales de San Luis Potosí, entre las razones que expresaba Berlanga se encontraba la de que “la sociedad tiene más necesidad de hombres que sepan leer y escribir que de médicos, abogados o ingenieros” (Publicado en el periódico “El Estandarte” en diciembre de 1911 bajo el título “Iniciativa del Sr.  Berlanga sobre la supresión de las Escuelas Profesionales). El hecho de que Berlanga quisiera que se apoyara más a la educación primaria no significaba que se debieran suspender los estudios superiores que realizaban pocos jóvenes en la época, de otra manera se hubiese eliminado la superación académica y cultural no sólo individual sino de la totalidad de la comunidad potosina, iniciativa que fue negada.
Berlanga publicó, como órgano oficial de la Dirección General de Educación Primaria la revista quincenal pedagógica “El Porvenir Escolar”, que contenía las disposiciones oficiales importantes y artículos pedagógicos de interés, unos cuantos eran:
La de que se envíen a los “alumnos de 5º y 6º años a la Escuela Industrial Militar para que reciban la enseñanza de Ejercicios Militares” (Circular No. 19 del 15 de abril de 1912). Se solicitaba información sobre el “número de Escuelas Rudimentales o de Párvulos, de niños, niñas o mixtas y el total de ambos que existan en la zona expresando si dependen de la Federación, el Estado, los Municipios, los particulares, del Clero o Asociaciones; número de niños y niñas y total de ambos sexos, inscritos en el año de 1911; estado de adelanto; número de aprobados y de los que concluyeron sus estudios rudimentales, número de Directores, Subdirectores, Profesores y Profesoras, Ayudantes, otros empleados, sirvientes y el total de este personal; sueldo anual…(de los mismos); gastos destinados a la instrucción, exceptuando sueldos, total de sueldos y gastos” (Circular Número 20. Ibídem)… entre otras.
Desafortunadamente su labor fue interrumpida por su participación directa en la Revolución Mexicana, donde fue asesinado en 1914.
Finalmente y no el menos importante fue Jesús de la Luz Mena, idealista inconforme al igual que los demás con la pedagogía Porfirista, decidió trabajar en la Escuela Racionalista junto con Agustín Villanueva, Edmundo Bolio y Ricardo Mimenza.
La actuación de Mena Alcocer estaba claramente orientada por los postulados pedagógicos de la escuela moderna y racionalista, a los que adicionó elementos de carácter sociopolítico e ideológico en los que se planteaba la construcción de una sociedad justa, libre, solidaria e igualitaria; ejerció asimismo una dura crítica a la escuela tradicional, a los métodos pedagógicos y a los sistemas educativos que imperaban en la época.
Desde mucho antes de la fundación de su escuela racionalista experimental, abierta en 1917, Mena se preocupó por llevar a la práctica sus concepciones pedagógicas; para tal efecto, se esforzaba por poner en contacto a sus alumnos con la realidad económica, social y cultural en la que estaban inmersos.
Su sistema educativo iba en contra del que se implementaba en ese entonces, él decía que la educación moral tenía como finalidad disciplinar la conducta del niño y enseñarlo a obedecer, convirtiéndolo en un autómata y no en un ser con un libre consentimiento de razón y de consciencia.
Mena proponía un sistema racional el cual,  favorecería el desarrollo espontaneo de las facultades ingénitas del niño y las encauza de un modo tan agradable y natural que acrecienta la salud y vigoriza el espíritu. Pretendía aprovechar los juegos libres y construcciones rudimentarias, propios para despertar el amor por las artes y por las industrias, para adquirir conocimientos organizados en ciencia; no trabaja sobre la memoria por no tener la ciencia como instrumento para desarrollar las facultades, lo que le permite desechar los libros de texto, porque admite que las facultades reconstituyen la ciencia con su propia organización
En congruencia con las críticas anteriores, el resolutivo planteaba que la organización de las escuelas primarias debía tener como principio básico la libertad y que el niño debía estar colocado en medios que satisfagan las necesidades ingénitas de su desarrollo psíquico y físico, siendo estos medios: la granja, el taller, la fábrica, el laboratorio, la vida. Concluía que mediante la libertad y el interés del trabajo, el niño transformará su egoísmo en amor a la familia, a su raza y a la humanidad y será, consecuentemente, un factor de progreso.
En un congreso de pedagogía en 1918 Mena expuso:
“La Escuela Racionalista es la mejor escuela del mundo, es la que tiende al perfeccionamiento del hombre, pero no por medio de libros, sino del trabajo; los niños se van uniendo a la ciencia por medio del trabajo y no lo hacen para esclavizar a los demás, sino muy al contrario, con el noble fin de ayudarlos (…). Al capitalista no puede convenirle que esta clase de escuelas se desarrolle, porque ellos (sic) saben que cuando los hombres sean más conscientes, ya no querrán trabajar para ellos, sino que sabrán disfrutar del precio de su trabajo.
Con la autorización del gobernador Alvarado, Mena fundó en 1917 una escuela experimental racionalista en el barrio meridano de Chuminópolis, en la que llevó a la práctica el cuerpo central de sus ideas pedagógicas. Las experiencias obtenidas en esta escuela fueron ampliamente difundidas por su promotor e ideólogo en múltiples congresos, conferencias y debates estatales, regionales y nacionales. Expandió el sistema educativo a otros Estados como Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, llegándose a constituir en una verdadera alternativa frente a las directrices e imposiciones generadas desde el centro, sobre todo a partir de la creación de la Secretaría de Educación Pública y de la intensa actividad que desplegó por todo el país este Vasconcelos.
La escuela Racionalista de Mena tuvo gran influencia en la conformación del nuevo modelo representado por la Escuela Socialista del periodo cardenista. En los años cercanos al inicio del periodo cardenista, la influencia de la Escuela Racionalista y del imparable activismo del profesor Mena Alcocer se hacían sentir con intensidad en muchos espacios de deliberación en materia educativa. Así, en el X Congreso Nacional Estudiantil celebrado en Toluca a finales de junio de 1932, los delegados de Tabasco propusieron a la asamblea plenaria la aprobaron de dos resolutivos de singular importancia: 1. Que la escuela racionalista es la que hará, por medio de la educación, la transformación social que las masas laborantes de la humanidad desean cristalizar; 2. Que se implante la escuela racionalista en toda la república y que para ello se reforme el artículo tercero constitucional, para que la escuela sea racionalista y no laica; 3. Que se difunda la obra de José de la Luz Mena Sólo la escuela racionalista educa, en la que se exponen la declaración de principios y los fundamentos científicos de esta escuela.(Lux. No. 21, julio de 1932: 388–391).
Conclusión
La educación en México después del Porfiriato fue destacada por grandes ideólogos que decidieron modificar ese sistema positivista, en el cual la educación era selectiva tanto a alumnos como en materia de enseñanza; limitando el aprendizaje y el desarrollo de ellos.
El llevar la educación hasta las zonas más marginales, donde se carece absolutamente de todo, es un acto de liberación ya que, muestra una solidaridad con los más necesitados. Se dice que la ignorancia es el precio más caro de la vida, el cual el pueblo mexicano pagaba y por desgracia sigue pagando.
La escuela rural permitió expandir el conocimiento y abrir la puerta al progreso; los cambios realizados en su tiempo fueron necesarios, aunque no todos los ideólogos mencionados en el reporte coincidían en la forma educativa pero si todos coincidían en sacar adelante al pueblo mexicano por medio de la educación.
Todos profesores de alma y amor a la patria, buscando quitar la venda a la educación, promovieron diferentes cambios, unos en zonas rurales y otros en las polis; pero todos con razones de causa para hacerlo.
Bibliografía
Aguirre Lauro, revisado en www.biblioweb.tic.unam.mx
De la Luz, Valdes (1944) Biografía de David G. Berlanga. Saltillo: Edición de la Sociedad Coahuilense de Estudios Históricos y Geográficos.
Guerrero, Francisco Javier. (1975). Moisés Sáenz, el precursor olvidado. Instituto de investigaciones jurídicas. UNAM.
Larroyo, F. (1985). Historia comparada de la educación en México. Porrúa, pp. 559

Novelo, José I. 1909 El problema de la instrucción pública en Yucatán. Mérida, Yuc.: Imprenta de la Revista de Mérida.