Lázaro Cárdenas y la
Educación Socialista
México fue gobernado entre 1934 y
1940 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río. El gobierno cardenista se rigió
por primera vez, además de por la Constitución y las leyes reglamentarias, por
un Plan Sexenal de Gobierno que tenía como pilares fundamentales: la defensa de
los recursos naturales del país, la aplicación de las leyes laborales a favor
de los derechos de los trabajadores, el reparto de tierras en forma de ejidos y
la reforma educativa que implantó la escuela socialista.
Los detractores de Cárdenas lo
acusaron de encabezar un gobierno dictatorial, vertical, paternalista y
populista. En este documento, y con base sólo en documentos de la época,
analizo cómo el cardenismo intentó educar a los niños mexicanos en el ejercicio
de la democracia, a través de la escuela socialista. Los defensores de la
escuela socialista, Alberto Bremauntz por ejemplo, contra quienes la atacaron
entre otras cosas por “impía e inmoral”, que iba a arrancar a los niños de las
familias para entregarlos a un Estado socialista, sostuvo que la nueva escuela
no iba a ser la constructora del socialismo en México, pero sí iba a ser la
“modeladora” de nuevas formas de pensamiento de los niños, necesarias para
preparar el cambio que realizarían cuando ellos fueran adultos y dirigieran los
rumbos del país. Uno de los ejes centrales de la escuela socialista, fue
inculcar, tanto en la práctica como en la teoría, la subordinación que debía
haber de los intereses individuales frente a los del grupo.
El grupo, y no el individuo,
debía dirigir los rumbos de la escuela socialista, del sindicato de obreros y
trabajadores públicos como eran los maestros, del comisariado ejidal y demás
organizaciones sociales. En el plano escolar y con la reforma de 1934 que
impuso la educación socialista en México, los documentos aquí analizados
muestran cómo se inculcó esto en las escuelas elementales de entonces,
especialmente a través de los textos escolares escritos ex profeso para la
escuela socialista de 1934-1940. Aquí abordo los diversos actores sociales que
participaron en esta reforma, en favor y en contra, partiendo del contexto
histórico en el que se desarrolló la reforma educativa de 1934.
Las elecciones para la sucesión
presidencial de 1934, fueron dirigidas y controladas por el Partido Nacional
Revolucionario (PNR), partido político convertido en partido oficial desde su
creación en 1929 y que gobernó al país, con cambios en su nombre y estructura,
hasta el 2000.2 La creación del PNR atendió a la necesidad de formar un órgano
político nacional lo suficientemente fuerte para que hiciera frente a los
diversos cacicazgos que existían a lo largo y ancho del país, y que amenazaban
la estabilidad social que se requería para pasar del “poder de los hombres al
de las instituciones”, y acabar así con la amenaza de la violencia y las
confrontaciones peligrosas que hasta entonces se estaban dando, y que podían
dar al traste con la paz nacional y con los programas económicos que se
requerían para que México entrara con paso firme al mundo moderno y desarrollado
del capitalismo en expansión.
El PNR elaboró el primer Plan Sexenal del
Gobierno del México posrevolucionario con el propósito de desarrollar una
política social, económica y administrativa que hiciera realidad los ideales y
postulados de la revolución iniciada en 1910, y “por hacer justa la vida de
relación entre los hombres”. En el Plan se escribe con todas sus letras el
carácter regulador del Estado de las actividades económicas de la vida
nacional, esto le acarreará al gobierno cardenista el título de autoritario y
dictatorial entre sus opositores. En el Plan: “…franca y decididamente se
declara que en el concepto mexicano revolucionario, el Estado es un agente
activo de gestión y organización de los fenómenos vitales del país; no un mero
custodio de la integridad nacional, de la paz y el orden públicos” (Partido
Nacional Revolucionario, 1937, pp. 4-5). Se trataba de imponer en México un
hiperpresidencialismo, en palabras de Sartori.
El Plan Sexenal sería un programa
mínimo de acción al que el ejecutivo debía sujetarse y, de ser posible,
rebasarlo en beneficio de los que más necesitaban. Esto hizo a los detractores
del gobierno cardenista calificarlo de populista y demagógico, a los que sus
defensores argumentaban que no era populista, sino popular. Se iban a hacer
transformaciones profundas en la vida nacional, de tal manera que cambiarían
las relaciones sociales y el régimen de producción. Esto, y el calificativo de
socialista que algunos le dieron a la Revolución de 1910 y a la Constitución de
1917, hizo que quienes podrían perder sus posiciones sociales privilegiadas,
temieran que México realmente cambiara su régimen socioeconómico al decirse que
el cardenismo era un gobierno socialista que iba a llevar al país al comunismo
pleno.
En el periódico El Nacional
(México, D. F. 29 de octubre de 1934), se narró con detalle lo sucedido el
domingo 28 de octubre, día en el que se dio una gran manifestación popular de
apoyo a la reforma. Esta manifestación fue convocada por los líderes del PNR y
a ella asistieron infinidad de organizaciones de obreros, campesinos,
servidores públicos, por supuesto, maestros, que juntos desfilaron frente a
Palacio Nacional en la ciudad de México. En el balcón central estuvo el
presidente Abelardo L. Rodríguez, acompañado por Aarón Sáenz, Jefe del
Departamento Central del Distrito Federal y otros personajes de la política de
entonces. Cárdenas, ya como Presidente electo, miró pasar esta manifestación en
el edificio de las oficinas del PNR. En los documentos respectivos, se dijo que
habían desfilado 150,000 personas que iban desde los 15 hasta los 80 años de
edad, y que la marcha había durado seis horas.
Todos los que presenciaron la marcha, leyeron
infinidad de mantas y consignas en apoyo a la reforma educativa. Algunas
pancartas fueron muy agresivas contra el clero católico, ejemplo: “El clero
debe ser aplastado sin miedo y combatido sin miramiento, porque él ha llenado
de suciedad al mundo”, “El clero hace esclavos. La Escuela Socialista hace
hombres libres”, “El Bloque Izquierda del Magisterio pide a Monseñor Gómez
Morín3 organice su Universidad Católica. El Estado fundará la Socialista”,
“Madres: la Escuela Socialista hará que vuestros hijos os respeten por
convicción, no por miedo al diablo”, “Expulsando al cura, México se cura”, “No
esperemos del cielo lo que debemos disfrutar en la tierra”. Pancartas en las
que se pedía por la construcción de un México justo y equitativo: “La ciencia
debe estar al servicio del pueblo”, “El proletariado necesita pan: no Doctores
‘Honoris Causa’”, “Queremos una distribución social de la riqueza”, “El
socialismo nos hará verdaderos hermanos”, “El socialismo acabará con la
explotación del trabajador”, “La Escuela Laica hacía burgueses; La Socialista,
hombres honrados”. El alto clero católico nuevamente no tardó en responder a
los ataques abiertos que se hicieron a la Iglesia cató- lica en esta
manifestación de apoyo al gobierno próximo de Cárdenas, en especial a la
escuela socialista, y el 12 de diciembre de 1934, recordemos lo que ese día
significa para el pueblo católico mexicano, a escasos días de que Cárdenas
había tomado el poder (1º. de diciembre de 1934), Leopoldo Ruiz y Flores,
arzobispo de Morelia quien estaba exiliado de México y vivían entonces en
Texas, escribió una carta pastoral que se difundió en muchas iglesias cató-
licas. En ese documento el arzobispo atacó la escuela socialista, desconoció la
legitimidad de la Constitución y amenazó con excomulgar a los padres que
enviaran a sus hijos a la escuela socialista, confundiéndolos y atemorizándolos,
más a los padres humildes e ignorantes que no tenían dinero para comprar
indulgencias y salvarse de la excomunión.
En la sesión realizada por el PNR
el 6 de diciembre de 1933 en Querétaro, el general Lázaro Cárdenas del Río fue
declarado candidato presidencial del Partido Nacional Revolucionario. En el
discurso que Cárdenas pronunció al aceptar la candidatura, habló del control
que su gobierno tendría de la política y la economía nacionales, de la labor de
unión que haría entre todos los mexicanos, y de asumir de manera total la
responsabilidad que significaba la presidencia, en caso de llegar a ella.
También habló de: solicitar la cooperación de la experiencia de los viejos y
acreditados jefes de la Revolución; pues no considero moral, ni justo, eliminar
ese factor de encauzamiento de las actividades sociales, tan sólo en atención a
falsos pudores de independencia y a la crítica acerba que la torpeza y la
necedad invocan como argumentos incontrastables cuando censuran nuestra
disciplina de partido y nuestro espíritu de cuerpo, siendo que en el fondo de
esa crítica no hay más que el deseo de dividir a los hombres de la Revolución,
para debilitar al Gobierno proveniente de ella y especular con nuestras
disensiones (Cárdenas, 1978ª, p. 110).
Cárdenas llamaba a todos,
gobernantes y gobernados, en nombre de la revolución, avisaba el ejercicio de
un gobierno disciplinado y unido con quienes antes habían gobernado al país
desde la presidencia, en clara alusión a Plutarco Elías Calles. Unión y disciplina
que terminó de manera abrupta y escandalosa cuando Calles empezó a criticar
duramente las acciones realizadas por el gobierno cardenista como lo fue la
política laboral y agraria puesta en marcha, situación que a muchos hizo temer
una nueva era de violencia. Finalmente se controló esta situación que culminó
cuando el gobierno federal ordenó la expulsión de Calles del país en 1936,
acompañado con algunos otros de sus seguidores, considerados todos como
enemigos del mismo Cárdenas y de su gobierno.
Con respecto a la escuela
socialista, para Cárdenas era un medio para unificar conciencias, formas de
pensar y percibir el mundo, tanto el que corresponde a la naturaleza como a la
sociedad, de esto se haría cargo el Estado de manera exclusiva. Cárdenas mismo
se declaró enemigo de que la educación estuviera en manos del clero, en uno de
sus discursos dijo enfáticamente “...no permitiré que el clero intervenga en
forma alguna en la educación popular, la cual es facultad exclusiva del
Estado”. Palabras pronunciadas en el discurso emitido por Cárdenas el 21 de
junio de 1934 en Gómez Palacio, Durango, durante su gira como candidato
presidencial del PNR. La iglesia católica se opuso a esta postura de que sólo
el Estado fuera quien dirigiera la educación en México, y en nombre de la
libertad de enseñanza pedía seguir interviniendo en la educación de la niñez a
través de las escuelas religiosas.
Estas solicitudes fueron negadas por el
gobierno cardenista, aunque la iglesia católica se daría sus mañas, abiertas
unas y encubiertas otras, para seguir pesando en la conciencia de los mexicanos
fuera de los recintos de las iglesias, como lo eran las propias casas de los
creyentes y las escuelas religiosas fundadas al margen de las leyes mexicanas.
Cárdenas propugnaba por una enseñanza
utilitaria y colectivista, así lo dijo en el discurso que pronunció en Durango
el 30 de junio de 1934: (una escuela) que prepare a los alumnos para la
producción, que les fomente el amor al trabajo como un deber social; que les
inculque la conciencia gremial para que no olviden que el patrimonio espiritual
que reciben está destinado al servicio de su clase, pues deben recordar
constantemente que la educación es sólo una aptitud para la lucha por el éxito
firme de la organización (Cárdenas, 1978ª, p. 133).
Una escuela distinta a la que
preconizaba el egoísmo personal y el triunfo de los más fuertes, el predominio
del privilegio y la posición social; una escuela nueva que escuchara a todos y
que reconociera el derecho de todos como iguales, una escuela en donde todos
tuvieran voz y voto, una escuela que se cuidara mucho de volver a formar una
nueva casta de “privilegiados por la cultura”, en donde lo mejor del
proletariado, “la crema del proletariado”, pasara a ser un rico bocado “para el
gusto de la burguesía”.
Estos conceptos y otros más vertidos por el
presidente Cárdenas, y las acciones que llevó a cabo durante su mandato como
fue realizar el mayor reparto de tierras que se hizo en toda la historia de
México a favor de los campesinos, proteger y defender los derechos de los
trabajadores establecidos por las leyes laborales, aplicar la reforma educativa
aquí analizada, decretar la expropiación del petróleo y de los ferrocarriles,
todo esto hizo que Cárdenas y su gobierno ganaran muchos y peligrosos enemigos,
algunos lo ataca ron de manera abierta como lo hicieron varios pensadores de la
época, entre ellos Samuel Ramos, Luis Cabrera, Jorge Cuesta, Rubén Salazar
Mallén, Antonio Caso y otros intelectuales más destacados y reconocidos de ese
tiempo. Periodistas como Pedro Gringoire (seudónimo de Gonzalo Báez Camargo),
Gildardo F. Avilés, Pedro Zuloaga, Salvador de Madariaga y otros más, también
criticaron duramente a Cárdenas a través de los periódicos de entonces.
Hubo empresarios que igual se
opusieron a las políticas económicas del gobierno cardenista, como fueron los
regiomontanos que en 1936 se declararon en paro patronal, y a quienes el mismo
Cárdenas les dijo en sus famosos 14 puntos: “Los empresarios que se sientan
fatigados por la lucha social, pueden entregar sus industrias a los obreros o
al gobierno. Eso es patriótico, el paro no” (Cárdenas, 1978ª, p. 192). Otros
más que se opusieron de manera menos abierta y desde los púlpitos de las
iglesias de los pueblos, fueron los sacerdotes católicos. Con respecto a la
reforma educativa que implantó en México la educación socialista durante el
gobierno cardenista, el Partido Comunista de México (PCM) y muchas
organizaciones y personajes de la época, exigieron se definiera claramente en
qué consistía dicha reforma a la que se le había llamado educación socialista,
así como la metodología conveniente para llevarla a cabo, haciendo también sus
propias propuestas como actores activos que fueron los partidos políticos de
entonces, participando no sólo en la definición de los nuevos rumbos de la
educación, sino en toda la política cardenista.
Los profesores se agruparon en
una gran organización sindical: el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de
la República Mexicana (STERM), en el que se adoptó como uno de sus lemas ser un
ejército cuyas armas serían la ciencia y el trabajo, poner la ciencia al
servicio de la técnica, luchar contra la ignorancia, la superstición y la
desigualdad social, formar mentalidades libres a salvo de dogmas y prejuicios
irracionales, un profesorado constructor de una patria para todos, orgulloso de
su labor social. La escuela fue vista por los profesores convencidos de la
reforma, como medio para la construcción de una mejor sociedad.
Este sindicato realizaba diversas actividades
para capacitar ideológica y pedagógicamente a sus miembros, entre estas
actividades estaban las conferencias que unos mentores daban a otros menos
capacitados, por ejemplo, sobre la historia de México y, de manera especial,
sobre la historia de la educación en México. Las explicaciones giraron
alrededor de la lucha de clases como motor de la historia, y de la necesidad de
terminar con la explotación capitalista que entonces se vivía. Obvio que estas
medidas y otras más, hicieron temer un cambio de rumbo en la historia del país
hacia al socialismo, primero, y hacia el comunismo, después, y que la reforma
educativa se convirtiera, contrario a sus propósitos originales, en un medio de
lucha y confrontación entre los diversos sectores sociales: los que se veían favorecidos
por la reforma y los que se veían amenazados en sus intereses económicos e
ideológicos por esa misma reforma.
La reforma educativa trajo
consigo la necesidad de hacer nuevos libros para las escuelas cuyos contenidos
y métodos estuvieran de acuerdo con la educación socialista implantada. Libros
que se identificaran con las tendencias socialistas de la educación, y para
ello se propuso formar un programa editorial y una comisión editora integrada
por “escritores revolucionarios”, que escribieran y dictaminaran libros al
servicio de la causa socialista de la nueva escuela, sin descuidar los
lineamientos estipulados por la pedagogía moderna. Libros ideológica y
pedagógicamente distintos y nuevos, de ser posible gratuitos y al alcance de
todas las posibilidades económicas.
Se recomendó quitar de las
escuelas los libros que se estaban usando, especialmente los de lectura y
literatura, poblados de personajes fantásticos, que domesticaban al lector
inculcándole sentimientos de resignación frente a la condición social en la que
se vivía, libros en los que se presentaba una sociedad idílica en la que
reinaba la armonía entre las clases sociales. Estos contenidos debían ser
reemplazados por lecturas realistas, que mostraran al lector el mundo sin
disfraces ni matices que lo ocultaran o lo tergiversaran.
En los libros anteriores, cuando
se hablaba de trabajadores y patrones, éstos convivían armónicamente, lo mismo
que sus hijos. Una sociedad ideal y fantástica de ayuda mutua en la que los
patrones pagaban lo justo a los trabajadores, quienes alegremente trabajaban lo
que debían trabajar Una sociedad sin conflictos ni enfrentamientos, donde los
hijos de los campesinos convivían y eran amigos de los hijos de los hacendados,
lo mismo que los hijos de los trabajadores de las fábricas jugaban con los
hijos de los dueños de las empresas. Hombres y niños ricos que caritativamente
ayudaban a los pobres obsequiándoles lo que ellos ya no necesitaban. Los nuevos
libros escolares debían integrar un concepto de patria distinto, ya no un
concepto abstracto, lejano, digno sólo de veneración y sacrificio, sino una
patria por la que se debía luchar y trabajar hasta lograr la independencia
económica y política de México, sólo así se lograría una patria próspera y
moderna. Se necesitaba de nuevos libros que conectaran a los alumnos con su
realidad, que les ayudaran a la conformación de una conciencia social al mismo
tiempo que al crecimiento de su cultura; para ello la Secretaría de Educación
formaría una comisión editora que revisaría y aprobaría los libros cuyos
métodos, contenidos científicos e ideológicos fueran adecuados a la reforma.
Asimismo se invitaría a los
mismos maestros a que escribieran esos libros, ya no los autores de siempre,
consentidos por las editoriales privadas, y que gracias a ello habían logrado
una buena posición social. Para cumplir con esta tarea de editar nuevos libros
acordes con los contenidos y propósitos de la escuela socialista, la Secretaría
de Educación formó una comisión revisora y editora de nuevos textos escolares.
Entre estos libros sobresale la serie titulada Serie “SEP” Escuela Socialista
escrita para los alumnos de las escuelas primarias urbanas, y la serie escrita
por el profesor Gabriel Lucio titulada Simiente, hecha para los niños de las
escuelas primarias rurales.
Ambas series estaban integradas
por libros graduados en sus contenidos y extensiones de las lecturas, también
se incluyeron ejercicios de comprobación, tal como lo establecía la pedagogía
moderna, asimismo estaban sencillamente ilustrados para hacer más objetiva la
enseñanza. Entre los profesores sobresalientes de entonces, se cita a Rafael
Ramírez tanto por su labor pedagógica como maestro, como por su tarea
organizativa al frente de las misiones culturales, y también por su papel como
escritor de textos escolares, autor de una serie de libros para las escuelas
rurales. A la manera como se hizo el Plan Sexenal de Gobierno que enmarcaría la
política del gobierno cardenista, Rafael Ramírez escribió el Plan Sexenal
Infantil, una serie de cuatro volúmenes para los diversos grados de las
escuelas primarias, en este caso las primarias rurales.
Libro de Lectura para el Ciclo
Intermedio de las Escuelas Rurales, por considerarlo un texto escolar clave
para el asunto que aquí me interesa: la formación de los niños en las escuelas
en y para la democracia. El ciclo intermedio comprendía el tercero y cuarto
años de primaria. Este libro está hecho como un instructivo práctico de cómo se
debía organizar una sociedad en democracia, una sociedad integrada por niños y
adultos, por hombres y por mujeres, por hombres que sabían muchas cosas porque
habían sido educados en una escuela, y por hombres que eran analfabetas y que
nunca habían tenido la oportunidad de asistir a la escuela, pero que poseían
conocimientos prácticos y útiles de gran valor. Una sociedad heterogénea que se
unificaba en el derecho de todos a participar de manera activa en la conducción
del grupo, y en el que todas las opiniones eran escuchadas y evaluadas para su
útil aplicación.
Según el autor, este libro había
sido elaborado para empujar a los pequeños lectores a la acción, sus contenidos
reflejan la vida diaria de los niños campesinos y los orienta hacia una
sociedad más justa y provechosa para todos. Integra a los niños en las
preocupaciones de los mayores, e incorpora la escuela a la comunidad, de tal
manera que deja de vérsele como una institución separada del resto social. La
acción se desarrolla en un pequeño pueblo campesino llamado “El porvenir”, que
de alguna manera nos lanza hacia el futuro que se esperaba para los niños de la
escuela socialista.
El trabajo en la escuela era
siempre en grupo, los niños eran dirigidos por el maestro quien también se
encargaba de alfabetizar y orientar a sus padres en sus demandas sociales como
lo fueron la tierra y el ejido. Todos los problemas eran discutidos y resueltos
en asambleas de distinto tipo; algunas comprendían a todos los pobladores de
“El porvenir”, incluidos los niños, otras sólo incluían a los padres, otras a
todos los alumnos de la escuela, niños y niñas de diversas edades, otras, sólo
a los niños y niñas de cada grupo o grado, pero todo era resuelto en asambleas
públicas. Los niños, igual que los adultos, debían hacer un Plan de Trabajo
para seis años que comprendiera todos los asuntos inherentes no sólo a la
escuela, sino al pueblo entero. Los asuntos comprendían la casa, que incluía
especialmente la salud personal, la escuela y la comunidad. Lugar importante tenía
la limpieza y la economía de cada ámbito social.
Conclusiones
Hoy que, de manera reiterada y
por todos lados, se dice que México ha ingresado a una nueva democracia, aunque
hasta hoy sólo se puede hablar de una democracia electoral manifestada en las
elecciones de 2006, que por cierto fueron muy criticadas y que tienen dividido
al país, es conveniente revisar la historia de nuestro país, en este caso, la
historia de la educación en México, para conocer lo que en ella se ha hecho
respecto a la democracia, como fue el caso de lo realizado por la educación
socialista durante el cardenismo, en la que se trató de implantar desde las
escuelas no sólo una democracia electoral, sino implantar en los niños el
anhelo de luchar por el logro de una democracia económica que hoy parece estar
muy lejos de ser alcanzada.
Hoy que la educación en México cada día
adquiere más los signos que identifican a una mercancía y que se mueve en un
mercado como cualquiera otra, y que el Estado mexicano se “adelgaza” más en
este terreno para dejar su lugar a la iniciativa privada, vale la pena revisar
lo que se ha hecho en la historia de la educación nacional, recuperar los
valores que en algunas épocas se han inculcado en la formación de los mexicanos
a través de la educación, como fue el caso de la educación socialista puesta en
práctica durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, 1934-1940, cuando el Estado
representado por el gobierno federal, se hizo cargo de la educación elemental
de los mexicanos, como el único y legítimo para ofrecer este servicio,
reconociendo a la educación como un derecho de todos los mexicanos; vigilando y
controlando la educación elemental en México, incluso la impartida por los
particulares, en la cual quedaron excluidos los miembros del clero, no sólo del
católico.
Esto ha dado vuelta para atrás y hoy la
iniciativa privada, laica y religiosa, cada vez está ganando más terreno en el
ofrecimiento de los servicios educativos, haciendo de la educación un elemento
más de selección social. La historia de México hoy parece que va para atrás, al
contrario de lo que los positivistas pensaban, que veían la historia de los
pueblos como un camino a estados de vida social más avanzados, o lo que
estableció el mismo Hegel y el idealismo alemán al hablar de la historia como
el desarrollo ascendente del espíritu absoluto. Espero que hoy no estemos
viviendo una involución social o un retroceso descendente del espíritu; la
historia misma ha mostrado a los mexicanos lo caro que se han pagado estos
“errores históricos”.
Bibliografía
Ponencia presentada en el “Tercer
simposium sobre sociedad y cultura de México y América Latina”, celebrado del 9
al 11 de octubre de 2007 en el Centro de Investigación en Ciencias Sociales y
Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Cárdenas, Lázaro. (1978a).
Palabras y documentos públicos de ... Mensajes, discursos, declaraciones,
entrevistas y otros documentos 1928-1940, vol. 1. México: Siglo Veintiuno
Editores,
S. A. Cárdenas, Lázaro. (1978b).
Palabras y documentos públicos de... Informes de gobierno y mensajes
presidenciales de Año Nuevo 1928-1940, vol. 2. México: Siglo Veintiuno
Editores. S. A..
Interesante resumen. Con Lázaro Cárdenas en la 2° Convención del PNR se elaboró el primer Plan Sexenal, para el período comprendido del 1° de diciembre de 1934 al 30 de noviembre de 1940, se pretendía dar a la educación un giro radical en ese lapso.
ResponderEliminar«En la escuela laica además de excluir toda enseñanza religiosa , se proporcionará respuesta verdadera, científica y racional a todas y cada una de las cuestiones que deben ser resueltas en el espíritu de los educandos para formarles un concepto exacto y positivo del mundo que les rodea y de la sociedad en que viven, ya que de otra suerte la escuela dejaría incumplida su misión social».