Plutarco Elías Calles y el
Maximato
La renovación de poderes inició
con una nueva rebelión militar. Calles sería el sucesor del grupo obregonista y
de la Huerta el opositor, quien fue acusado falsamente de desfalco del erario
como Ministro de Hacienda y, desde Veracruz, inició el levantamiento armado
contra el gobierno con más de la mitad del ejército. En su Manifiesto
Revolucionario, Plan de Veracruz, acusaba al presidente de violar la soberanía
de los estados mediante el fraude electoral en elecciones legislativas en
Veracruz, desconocer a los gobernadores de Michoacán, Nuevo León y Coahuila, a
varios alcaldes de San Luis Potosí, además de desconocer al Congreso de
Zacatecas y de atemorizar a legisladores federales y desconocer al Poder
Judicial de la Federación. Se acusaba a Obregón de dirigir la impopular
candidatura del general Plutarco Elías Calles, a fin de asegurarse más tarde
una inmediata reelección que la nación rechaza y que nuestra ley condena.
Situación esta última que se comprobaría más tarde.
La rebelión fue aplastada en la
primavera de 1924 y de la Huerta se exilió en los EUA, de donde regresaría en
1935, por solicitud de Lázaro Cárdenas, para ocupar diversos puestos
diplomáticos. La rebelión delahuertista de 1924 impulsó la institucionalización
del ejército al ser diezmado de generales, casi todos ellos ejecutados, al
mismo tiempo que fortaleció al grupo obregonista, y luego callista. Otra
víctima de la violencia desatada sería Francisco Villa, quien fue asesinado en
Parral, luego de manifestar a la prensa su apoyo a la candidatura presidencial
al general Adolfo de la Huerta. El 10 de julio de 1924, después de ser
derrotados los de la huertistas insurrectos, Calles resultó electo Presidente,
y enfrentaría una nueva guerra contra algunos radicales católicos.
Los problemas del callismo con la
Iglesia Católica Calles aplicó con dureza el artículo 130 Constitucional, sobre
la reglamentación de cultos, y numerosos sacerdotes católicos extranjeros
fueron expulsados del país, al mismo tiempo que impulsaba la idea de
nacionalizar este culto. El 22 de febrero de 1925, impulsó al cura Joaquín
Pérez a que ocupara el Templo de La Soledad, en la ciudad de México, para
fundar la Iglesia Católica Mexicana, lo que provocó protestas de las
organizaciones religiosas Asociación Católica de la Juventud Mexicana, ACJM, y
de los Caballeros de Colón, además del episcopado. Los excesos continuaron,
como la expedición de un decreto, en Tabasco, que exigía el matrimonio a los
sacerdotes, para poder oficiar su culto. La respuesta católica consistió en
integrar una Liga de Defensa de la Libertad Religiosa. El anticlericalismo de
los militares sonorenses se puede relacionar, como antecedente, con la
felicitación que envió el Vaticano a Victoriano Huerta por imponer la paz,
publicada en la ciudad de México por el periódico El País, después del golpe de
Estado contra Madero. Adicionalmente, el clero decidió, en 1923, erigir un gran
templo a Cristo en el centro geográfico del país: el Cerro del Cubilete; a la
colocación de la primera piedra del edificio asistió el delegado apostólico del
Vaticano, monseñor Ernesto Philipi; la respuesta del gobierno fue la aplicación
del artículo 33 constitucional, expulsando del país al prelado y endureciendo
la aplicación de la ley, que prohibía las manifestaciones de culto públicas.
Todo ello contribuyó a que se iniciaría el proceso que llevaría a la Guerra
Cristera.
La Guerra Cristera En 1925
algunos dirigentes católicos decidieron integrar una organización que, sin
depender de la Iglesia ni de partido político alguno, pudiera funcionar sin ser
coartado por el Estado. Sus objetivos fueron: detener a los enemigos de la
religión y conquistar lo que ellos consideraban integraba la libertad religiosa
y las demás libertades que dimanan de ella, como el derecho a la libertad de
educación, la defensa de los derechos políticos de los católicos como
ciudadanos y los derechos de la Iglesia relativos al culto público, la
propiedad y administración de sus templos, escuelas, obras sociales y de
caridad. Así nació la Liga de Defensa de la Libertad Religiosa, que se ramificó
en todo el país, con gran fuerza en el centro y occidente de México; iniciando su
lucha legal, en primera instancia, para lograr sus cometidos. Paralelamente se
creó un Comité Episcopal, formado por clérigos, que trataría con el gobierno
todos los asuntos relacionados con la Iglesia. Una primera acción de presión de
la Iglesia consistió en la supresión de cultos en el país. El 14 de junio de
1926, Calles, mediante una Ley Adicional en asuntos religiosos, limitó el
número de sacerdotes a uno por cada 6 mil habitantes, ordenando que se
registraran ante las autoridades municipales, quienes emitirían licencias; al
mismo tiempo que clausuraba 42 inmuebles y templos, y amenazaba con incautar
las escuelas religiosas, lanzando a la CROM a enfrentar a la Iglesia. La Liga
enfrentó al Estado con un boicot, impulsando la suspensión de pagos de impuestos
y el consumo de productos del Estado, como la gasolina y la lotería. El
gobierno comenzó a detener a sus integrantes, con lo que la Liga integró un
comité de guerra y lanzó el levantamiento armado que, para 1927, cobró fuerza
como guerra religiosa; sus soldados se denominaron: defensores, luego
libertadores y finalmente cristeros por su lema de Viva Cristo Rey. La guerra
se inició en Chalchihuites, Zacatecas, debido a que un grupo de fieles quiso
liberar al párroco del lugar que había sido detenido. Inicialmente el jefe del
movimiento cristero fue René Capistrán Garza, fundador de la Liga y Presidente
de la ACJM, quien aceptó financiamiento de ricos hacendados que veían con temor
la reforma agraria. Capistrán viajó a los EUA, buscando el apoyo popular y
eclesiástico.
La violencia de la guerra
cristera
Los obispos, siguiendo la
política vaticana, rechazaron la violencia, pero impulsaron la lucha por las
libertades religiosas frente al Estado; sin embargo, muchos sacerdotes
participaron en la guerra. En 1928 se incorporó a los cristeros, en los Altos
de Jalisco, un general huertista, Enrique Goroztieta, ocupando la jefatura
militar del movimiento en Jalisco, Nayarit y Colima. Contra estas fuerzas
militares cristeras el gobierno federal envió un ejército al mandó del general
Joaquín Amaro. La lucha encabezada por Goroztieta tuvo un contenido político:
regresar al país a la Constitución de 1857, sin las Leyes de Reforma. El acto
más importante de la insurrección se expresó con el magnicidio de Álvaro Obregón,
presidente electo en 1928, a manos de José de León Toral. En el juicio del
asesino el gobierno callista implicó a grupos católicos en el atentado. El
gobierno mexicano, presionado por los EUA, inició arreglos con la jerarquía
católica encabezada por el obispo de Tabasco Pascual Díaz, el delegado
apostólico Ruiz y Flores y el Presidente Interino Emilio Portes Gil. Los
arreglos se firmaron el 21 de junio de 1929, sin documento alguno, salvo el
reconocimiento público del gobierno de aplicar la ey sin tendencia sectarista.
Goroztieta fue capturado y fusilado, y los radicales cristeros sobrevivientes
se exiliaron en los EUA.
La reestructuración de la
administración
Calles se distinguió por su labor
político administrativa, debido a su larga experiencia en estas tareas; había
sido Gobernador de Sonora, Secretario de Industria y Comercio con Carranza,
organizador del Plan de Agua Prieta, Secretario de Guerra y Marina con Adolfo
de la Huerta y Secretario de Gobernación con Obregón. Se apoyó en el movimiento
obrero que era fiel al gobierno, fundamentalmente la CROM, nombrando a su
dirigente Luis N. Morones como Secretario de Industria y Comercio. Después de
la rebelión de la huertista el panorama político de las Cámaras mostraba una
preponderancia de legisladores provenientes del Partido Laborista y del
Nacional Agrarista; mientras que la eliminación física de jefes militares como
resultado de la insurrección, además de que otros fueron convertidos en
gobernadores, le dio ocasión para controlar totalmente el país, ante la
reducción del caudillismo militar.
Emprendió obras de
infraestructura económica, como la creación de la Comisión Nacional de
Irrigación, en 1926, procediendo a construir presas y obras hidráulicas en el
centro y norte del país, y el canal del desagüe de la ciudad de México. Para
impulsar las comunicaciones creó la Comisión Nacional de Caminos, iniciando la
construcción de carreteras en el país e incrementó la construcción de vías
férreas. En educación José Manuel Puig Casauranc y Moisés Sáenz, secretario y
subsecretario, dieron continuidad a la obra realizada por Vasconcelos,
fortaleciéndose las Misiones Culturales que llevaban educación a las zonas
rurales. En el área de justicia se formaron las leyes orgánicas del Ministerio
Público y otras relativas al Poder Judicial, y se elaboró un nuevo código civil
que serviría de base a un nuevo derecho mexicano. En el área laboral se tuvo
casi un total control del movimiento obrero, por medio de la CROM y del
ministro Morones; sin embargo, existieron organizaciones obreras de católicos y
comunistas, opositoras al régimen.
Las finanzas y el campo Un
problema grave de su administración correspondió al pago de la deuda externa,
viéndose obligado a suspender pagos; inició una reforma tributaria para eximir
de impuestos a quienes recibieran ingresos mínimos y estableció principios de
proporcionalidad para gravar más a quién más recibiera, estableciendo las bases
del sistema fiscal mexicano, y expidió la primer Ley de Pensiones Civiles de
Retiro. Mediante decreto creó la Comisión Nacional Bancaria, e impulsó la Ley
General de Instituciones de Crédito y Establecimientos Bancarios. Después de
lograr estabilizar el crédito, logrando reducir los intereses del 24 y 36%
anual a un 10%, se expidió la ley constitutiva del Banco de México, como banca
única de emisión de papel moneda.
En cuanto al asunto agropecuario
favoreció a la pequeña propiedad agrícola. Durante se gobierno se emitieron dos
leyes agrarias, la ley elaborada por Gabino Fraga, en 1925, que reglamentaba el
reparto ejidal y la constitución del patrimonio parcelario, que permitía que
quienes usufructuaban en forma comunal obtuvieran parcelas individuales; y la
Ley de Dotaciones y Restituciones de Tierras y Aguas, reglamentaria del
Artículo 27 Constitucional, elaborada por Narciso Bassols y emitida en 1927,
mediante la que se daba inicio a la reforma agraria en el país.
Generó en 1926 una Ley de Crédito
Agrícola, que suplió a la Caja de Préstamo porfirista de 1908, sentando las
bases del Banco Nacional de Crédito Agrícola que, al no incluir en sus acciones
crediticias a los ejidatarios obligó a crear de una Ley de Bancos Ejidales, que
serían la base del Banco Nacional de Crédito Ejidal de 1935.
Las relaciones internacionales
El petróleo y los latifundios
ganaderos fue tema de conflicto en las relaciones internacionales, debido a la
Constitución de 1917. Los empresarios extranjeros buscaron su no
retroactividad, que lograron con un amparo apoyado por la Suprema Corte de
Justicia en 1921.
Los Tratados de Bucareli sirvieron
para que los norteamericanos buscaran el compromiso nacional de no aplicar
retroactivamente el artículo 27. Al reconocer al gobierno mexicano, en 1924,
los norteamericanos nombraron embajador a James R. Sheffield, quien apoyó a las
compañías petroleras, agudizando los conflictos; el establecimiento de
relaciones diplomáticas con la URSS, fue aprovechado por Sheffield para
prevenir al Secretario de Estado norteamericano Kellog del peligro comunista en
México y la expansión soviética en Nicaragua, en donde Sandino luchaba contra
la intervención norteamericana. Esta situación se aunó al hecho de que el
magnate periodístico William Randolph Hearst, quien tenía latifundios en
Chihuahua, lanzó campañas a favor de intervenciones en nuestro país. La
situación empeoró en 1927 y Calles ordenó al general Lázaro Cárdenas, jefe de
la zona militar de la Huasteca, que incendiara los pozos si el país era
intervenido. El nombramiento de Dwight W. Morrow como embajador mejoró la
situación mediante negociaciones.
El Maximato
El Maximato es, en la historia
política del México contemporáneo, la piedra angular para entender el
desarrollo y evolución del sistema político mexicano. Plutarco Elías Calles es
el caudillo que quiso unificar, controlar o, en ocasiones reprimir, a la clase
política revolucionaria sobre todo cuando el “interés” de su voluntad así lo
precisare. Mismo criterio que empleó con la Iglesia Católica cuando la
consideró nociva a su voluntad. Éste buscó, a toda costa una vez terminado su
período presidencial marcar la pauta de la política nacional en los gobiernos
subsecuentes hasta 1935. A este período histórico en que se practicó esta forma
peculiar de ejercer el poder tras el trono se le conoció en México como el
Maximato. Esta investigación pretende saber hasta qué grado Calles impuso su
voluntad a los presidentes inmediatos (Portes Gil, Ortiz Rubio, Abelardo
Rodríguez y Lázaro Cárdenas) en la designación de sus gabinetes.
Empezaremos por sostener que para
realizar un análisis como el que se pretende, es necesario saber quiénes
conformaron los gabinetes e identificar a qué camarilla o sector
ideológico-revolucionario o profesional (aquí le llamo factores de designación)
al que pertenecían quienes integraron los gabinetes de Venustiano Carranza (fue
donde Calles ocupa su primer puesto de gobierno importante) hasta Álvaro
Obregón. Posteriormente, se analizarán los períodos de Calles a Lázaro
Cárdenas, es decir, de 1924 a 1935, estableciendo de la misma manera y con los
mismos criterios las tendencias de los miembros que conformaban sus gabinetes.
Estos elementos nos permitirán determinar el grado de influencia real del
Maximato en referencia a los gobiernos citados y si hubo continuidad o ruptura
del Maximato con el inicio del cardenismo en lo que se refiere a la conformación
de los gobiernos posrevolucionarios inmediatos. El presente ensayo tiene como
tarea el reflexionar el Maximato, pero no para enfrascarlo como se ha hecho a
través de la historia de México, sino más bien para conocer hasta qué punto fue
absoluto o moderado ese Maximato.
Partiendo de nuestro primer foco
de estudio, a continuación desarrollaremos brevemente algunos de los sucesos
ocurridos durante el período de 1916 a 1924, a través de los tres factores de
designación que hemos considerado los más importantes porque por medio de ellos
podremos explicar la influencia de éstos en la designación de los tres
gabinetes que se formaron en estos años, los cuales estarán divididos en tres
ramas: 1) Afiliación ideológica, en la que se tomarán en cuenta sus inclinaciones
con el maderismo, el huertismo, villismo, zapatismo, carrancismo, obregonismo y
con el constitucionalismo; 2) extracción social, referente a su profesión; y 3)
experiencia política, que se refiere a los puestos públicos, es decir, a su
práctica política gubernamental.
De los miembros que llegaron a
integrar cada uno de los gabinetes de Carranza, Huerta y Obregón, señalaremos
en términos absolutos las principales inclinaciones de sus integrantes, a fin
de determinar su ideología política En el período de Venustiano Carranza
(1916-1920), la mayoría de sus colaboradores que integraban su gabinete,
también estaban afiliados al maderismo, es decir, aspiraban a una democracia
dirigida hacia la libertad individual, el gobierno por las instituciones y no
por el poder absoluto de una persona. Formando parte de su gabinete provisional
como secretario de Guerra y Marina.
Las principales características
del gabinete de Carranza fueron: el 64% estuvieron afiliados al maderismo, es
decir, su misma tendencia y por consiguiente en contra de Victoriano Huerta,
casi la totalidad de ellos apoyaban las ideas constitucionalistas, eran
profesionistas y habían ocupado puestos políticos; el 71.4% se declaraban
libremente callistas. Un poco más del 40% eran militares y solo una mínima
parte apoyaba las ideas anticlericales. Esto nos indica que la mayoría de su
gabinete apoyaba sus ideas basadas principalmente en la formación de un Estado
fuerte, la destrucción total del régimen dictatorial al igual que el maderismo,
la defensa de la propiedad privada y la conformación de una estructura legal
independiente de los intereses particulares que protegiera y fomentara las
libertades públicas. Todo esto con el fin de aplicar en nuestro país los
principios del liberalismo, lo cual era necesario para impulsar el desarrollo
capitalista de la época.
Por otro lado, los
constitucionalistas “pronto se dieron cuenta de la importancia que tenía la
participación de las masas populares quienes por su cuenta ya realizaban sus
propias luchas principalmente los campesinos y los obreros (Loyola, 1988,
p.71)” De ellos tomaron los reclamos tendientes a lograr una reforma agraria y
mejores condiciones de vida. En este período eran apoyadas casi de manera
absoluta las ideas villistas y zapatistas, por lo tanto, pocos integrantes
estaban en contra de ellos; aunque el villismo no presentó un programa de
carácter nacional y su influencia se limitó al territorio del norte
convirtiéndose en el defensor de la justicia.
Por su parte, los objetivos de los zapatistas
eran colectivistas, resaltando la importancia de los pueblos como base de la
organización campesina. Sin embargo, tampoco este último movimiento ofreció
alternativas de solución a los problemas de todo el campesinado nacional, sino
que se concentró principalmente en una sola región, la de Morelos (estado natal
de Emiliano Zapata). “La muerte de Carranza simbolizó, sin lugar a dudas, la
necesidad y la urgencia de la búsqueda de ese mecanismo político que permitiera
que la revolución se encauzara positivamente, sacudiéndose de encima las
guerras fratricidas que constituían su rasgo más característico. Adolfo de la
Huerta, Francisco Serrano, Arnulfo Gómez, la reelección de Álvaro Obregón,
Plutarco Elías Calles y el maximato son nombres, hechos y destinos trágicos que
constituyen hitos dramáticos y trascendentes en la búsqueda de ese mecanismo
político salvador (Medin, 1996, p.13).” Después de la muerte de Carranza,
Adolfo de la Huerta (May 1920-Jun 1920) de tendencia maderista y de filiación
carrancista cooperó en la decena trágica. Ocupó su lugar interinamente; estaba
también en contra del general Victoriano Huerta que fue también obregonista.
Su objetivo principal como presidente fue
lograr la paz conciliando los intereses de las distintas facciones revolucionarias
así como convocar a elecciones presidenciales. Durante este período observamos
que su gabinete estuvo conformado por más maderistas que en el período de
Carranza por más de 20 puntos porcentuales; sus integrantes al contrario de
éste fueron casi en un30 por ciento no profesionistas y más militares y con
menos práctica política respecto al anterior gobierno, otro factor importante
es que la tendencia carrancista es casi nula. También se observa que
aproximadamente una tercera parte de sus integrantes había formado parte del
gabinete de Carranza. Lo que lleva a precisar que el maderismo estaba más
incrustado en la conformación del gobierno delahuertista que el elemento
carrancista. Por último en el periodo de Álvaro Obregón (1920-1924), éste “Buscó
el equilibrio, la conciliación de las clases sociales entre empresarios y
trabajadores, aplicó una política populista con el fin de ayudar a los
desposeídos sin dañar la propiedad privada (proceso de inclusión) (Loyola,
1988, p.74)”. Practicó esta forma de gobernar para lograr mantenerse en el
poder a pesar de las constantes rebeliones alzadas en protesta a su régimen que
fueron más peligrosas a medida que terminaba su período de gobierno.
Una de ellas fue organizada por
el expresidente interino Adolfo de la Huerta (fue uno de los colaboradores
dentro de su gabinete), disgustado porque Obregón apoyó la candidatura de
Plutarco Elías Calles para las próximas elecciones presidenciales. La rebelión
delahuertista duró cuatro meses aproximadamente pero fue derrotada, a pesar del
apoyo que tuvo en varias partes del país, por las fuerzas del gobierno,
dirigidas por el propio presidente Obregón. Este período varía un poco más en
comparación con los anteriores regímenes, porque las tendencias de sus
integrantes son, por un lado la mayoría maderistas contra el huertismo, y
existía igual que en el gobierno anterior una mínima inclinación carrancista
que casi desaparece, y por el otro, existe nuevamente lo mismo que en el
gabinete de Carranza, integrantes profesionistas y con una amplia participación
política gubernamental, aumentando además en comparación al gabinete de Adolfo
de la Huerta, un 40% de sus componentes había pertenecido a éste.
Ahora bien, habiendo descrito de
manera concreta los principales factores que intervinieron en la designación
para conformar sus gabinetes se observaron muestras de continuidad en este
período, sobre todo en el empleo de elementos de reingambre maderista en la
conformación de estos primeros tres gobiernos analizados, salvo algunas excepciones,
con la integración de elementos Carrancistas y de la huertistas
Bibliografia
El maximato: inicio del
corporativismo (1929-1934) por Humberto Domínguez Chávez y Rafael Alfonso
Carrillo Aguilar. CCH UNAM (2009) Planteles Azcapotzalco y Sur. Visto el 3 de
octubre de 2015 en http://portalacademico.cch.unam.mx/materiales/prof/matdidac/sitpro/hist/mex/mex2/HMII/Maximato.pdf
La centralización del poder: los
gobiernos de Obregón y Calles (1920-1928). Historia de México II Segunda
Unidad: Reconstrucción nacional e institucionalización de la Revolución. Por Humberto
Domínguez Chávez y Rafael Alfonso Carrillo Aguilar. CCH UNAM (2009. Planteles
Azcapotzalco y Sur. Visto el 3 de octubre de 2015. http://portalacademico.cch.unam.mx/materiales/prof/matdidac/sitpro/hist/mex/mex2/HMII/ObregonCalles.pdf
Durante el Maximato se crean importantes instituciones en México que empiezan a consolidar la idea de que el país estaba pasando “de ser un país de hombres, a ser un país de instituciones.” En este periodo se conforma el partido político que marcará el rumbo de los próximos 80 años de México.
ResponderEliminarEste período está inmerso en un momento de gran agitación social y política. El cual comienza con el magnicidio del recién reelecto presidente Álvaro Obregón, quien a pesar de que la Constitución mexicana prohibía la reelección él había sido elegido para ocupar la presidencia por segunda ocasión.